«Mis hijos no saben lo que es la calefacción, aquí nunca la puse»

Una vecina de Caranza que sufre pobreza energética vive un invierno «durísimo»

«Mis hijos no saben lo que es la calefacción, aquí nunca la puse» Una vecina del bario ferrolano de Caranza sufre la pobreza energética con intensidad este frío invierno. «Tengo dos criaturas y no puedo vivir sin luz», señala Verónica López Grandal, de 34 años.

Ferrol

Es mediodía en la casa de Vero. Come ella sola, mientras sus hijos están en el comedor escolar. Agarra la olla exprés y la coloca en uno de los fuegos de la vitrocerámica. Calienta las lentejas que había preparado la noche anterior. Ese gesto, el de encender un electrodoméstico, se lo piensa un mundo. «Cada vez que veo la factura me echo a temblar», asegura. Verónica López Grandal, de 34 años, es una madre soltera de dos hijos, un niño de 11 y una pequeña de 9. Desde hace cuatro años, los tres habitan una pequeña vivienda de protección oficial de la Xunta en el barrio de Caranza, en Ferrol. Allí, la luz y el calor, sinónimo de bienestar, están prácticamente desaparecidos. Apenas tres bombillas alumbran en una casa que ya de por sí es poco luminosa y tanto los radiadores como el termostato son un adorno más. «Mis hijos no saben lo que es la calefacción, porque desde que estoy aquí nunca la puse. Saben lo que es un radiador encendido porque lo ven en el colegio», expresa.

Vero es una de los cientos de afectados en Ferrol por la denominada pobreza energética. Sin embargo, cuando se le pregunta por este término, no sabe de qué se trata. Después de la explicación sí es consciente de que la sufre profundamente. «Sí, la vivo. Los inviernos son durísimos. Tiro de mantas, batas, calcetines gordos... y poco más. Fatal. Y aún así me vienen unos recibos de 40, 50 y hasta 60 euros», detalla la vecina de Telleiras. Estos días, con la ola de frío polar, se hacen todavía más difíciles. «Hace mucho frío y ellos lo notan. Más en esta zona, con el mar al lado. Mi hijo me dijo el otro día si podía dormir con la bata puesta, y le dije que no, que le echaba más mantas», señala. «Yo tengo dos criaturas y tienen que tener luz, no puedo vivir sin ella -agrega Vero-. Al ser pequeños, algo quieren ver la tele, mientras la lavadora la intento poner a la hora que menos consume».

«Yo me veo en la calle en cualquier momento»

La ferrolana percibe 368,90 euros al mes por una minusvalía, revisable cada tres años, desde hace poco. Antes recibía un subsidio de 250 euros y, durante los cuatro años que lleva en Caranza, trabajó todo lo que pudo. «Pero siempre estaba de tarde y lo que ganaba al final se me iba en pagar a alguien que se quedara con los niños, porque no tengo a nadie que me ayude», explica. Desde que llegó a esta vivienda no ha podido pagar ni una mensualidad, que supondría unos 80 euros por el piso, 42 de comunidad y algo más de 40 por el agua caliente comunitaria, a los que no puede hacer frente. «Debo unos 2.000 euros de agua. Yo me veo en la calle en cualquier momento», afirma. Ya la visitaron dos veces los inspectores de la Xunta y en un año se cumplen los cinco por los que le otorgaron la casa.

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«No sé leer una factura»

Teniendo en cuenta que le ha costado llegar a todos los finales de mes, «desde el primero hasta el último», nada hubiera sido igual para ella sin la ayuda de Cáritas, que le ayuda a pagar parte de los recibos. Además, le enseñan a interpretar las facturas. «Yo no sé leer una factura de ningún tipo, no sé qué me están cobrando», indica. Al tener una minusvalía y dos hijos, su familia es considerada numerosa, pero esto solo supone un 50 % de rebaja en algunos apartados, no en el total. Es decir, lo mismo que a una familia numerosa al uso.

Eso sí, Vero no pierde el humor. Decoró su casa al llegar y una tortuga es el cuarto miembro del piso. «Ella no consume nada, pobre. Solo gambas cada cuatro meses», bromea. Además, se desvive por sus hijos. «Son mi vida, Vivo para ellos, son los que me dan fuerza para tirar para delante día a día. Mi pilar. Por ellos voy a seguir luchando», concluye.

Cáritas: «Muchos no se atreven a pedirnos ayuda»

 

El caso de Verónica es uno entre cientos en Ferrol. Así lo aseguran desde Cáritas Diocesana de Mondoñedo-Ferrol, donde calcula que atienden a más de 2.500 personas. Los barrios más afectados son Caranza, con más de 600, y los ensanches, con 471. «Uno de los principales problemas es que al Bono Social eléctrico no acceden muchas de las familias necesitadas por diversos motivos. Por ejemplo, hay muchos alquileres en los que las facturas no van a nombre de los inquilinos», apunta María Jesús Casas, voluntaria de la Unidad Pastoral de la parroquia del Rosario. Desde ahí atiende a los ensanches, en los que destinan de 3.000 a 4.000 euros al mes en pagar recibos y alquileres, gracias a las donaciones de los feligreses. «Los precios están desorbitados. ¿Cómo va a pagar una factura de 100 y pico euros una familia que no percibe ni 500?», añade.

«¿Cómo va a pagar una factura de 100 y pico euros una familia que no percibe ni 500?»

Además, existe otra barrera. La de las personas que, aún con problemas, sienten vergüenza de acercarse a Cáritas. «Hay mucha gente que no se atreve a pedirnos ayuda y tenemos la certeza de que sufren pobreza energética», comenta Mela López, trabajadora social de la entidad. Como ejemplo pone a una señora que recientemente accedió a hablar únicamente con ella, y después de mucho insistir.

Uno de los caminos sin salida es el de los electrodomésticos, que cuando son de ahorro energético, cuestan más, y cuando no lo son, gastan más. Además, están también cuestiones como la wifi, imprescindible para seguir en casa el ritmo de las clases en el colegio, o el móvil, para no quedarse incomunicado.

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