La imborrable huella de Enrique Cal Pardo entre los viejos muros de la catedral

En su último libro despejó definitivamente algunas de las brumas que rodeaban el tiempo de Pardo de Cela,


Ferrol

A decir verdad, monseñor Cal Pardo (1922-2016), prelado de honor de Su Santidad el Papa, deán de la catedral mindoniense y uno de los grandes medievalistas españoles del pasado siglo, se ocupó, estrictamente, del archivo catedralicio de Mondoñedo, no del diocesano. Pero sería injusto pasar por alto hasta qué punto su magna figura intelectual iluminó, hasta su fallecimiento, la intensa relación de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol con la historia de Galicia. Fue él, sin duda, quien sirvió de puente entre el patrimonio documental diocesano y un gran número de las principales figuras de la investigación histórica española.

Vivió por y para la catedral. Cuando por su edad dejó de ejercer la docencia universitaria en el Instituto Teológico Compostelano, se concentró por completo los viejos pergaminos del archivo catedralicio. Poco antes de su muerte, nonagenario ya, seguía publicando. En su último libro despejó definitivamente algunas de las brumas que rodeaban el tiempo de Pardo de Cela, personaje del que era un profundísimo conocedor, y del que sabía muy bien hasta el lugar exacto de su sepultura.

Un gran amigo de Cunqueiro

Gran amigo de Cunqueiro, Cal Pardo se había formado en la Universidad de Comillas. Al final de su vida, el Papa le concedió, por su labor -y al igual que a monseñor García Amor, otra de las grandes figuras pastorales e intelectuales de la Diócesis de Mondoñedo Ferrol y canónigo que continúa en activo-, el título de prelado de honor.

Cal Pardo descansa, como él quería, en el claustro de la catedral mindoniense. No muy lejos de la puerta por la que accedía a diario a su despacho del archivo. Galicia entera está en deuda con él. Conviene tenerlo presente.

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