«El Chilreu se portó como un campeón»

La Voz recorre las entrañas del único buque sin uso del Arsenal, un patrullero en venta por 83.635 euros

Viaje a las entrañas de un patrullero de la Armada española La Voz recorre el interior del único buque sin uso del Arsenal de Ferrol, en venta por 83.635 euros, con su jefe de máquinas Vicente San Claudio como guía

Ferrol

En el habitáculo donde se encuentra la radio cuelga un calendario del 2012. El 25 de junio es la última fecha tachada. Cuatro días después, el 29, la Armada dio de baja al Chilreu. Ahí se quedó parado el tiempo del patrullero, que cuatro años y medio después sigue amarrado en el Arsenal de Ferrol, ahora, al fin, a la espera de un comprador. Defensa lo ha puesto a subasta con un importe de licitación de 83.635 euros.

Antes de su adiós, que no se producirá al menos hasta mayo, La Voz ha podido recorrer lo que queda de él, las entrañas de sus casi 68 metros de eslora, que esconden mucho más de lo que pueda parecer desde el exterior. «El barco se portó como un campeón», asevera José Vicente San Claudio Pérez (Cariño, 54 años), emocionado por volver a la que fue su casa como jefe de máquinas durante 9 años. Casi la mitad de las dos décadas en las que el buque prestó servicio a la Armada, en las que ejerció el control del espacio marítimo y prestó asistencia en el mar a la flota pesquera, entre otras muchas funciones. En el cuaderno de bitácora de Vicente quedaron marcadas tres misiones en Islandia, dos en Canadá y varias campañas del bonito en el Gran Sol.

Con el fin de estar listo para la subasta, el buque ya fue sometido hace tiempo al proceso de desarme, consistente en el desmontaje de todos aquellos equipos útiles y la desmilitarización de aquellos inútiles que permanecen a bordo. En su esqueleto, no obstante, quedan muchos restos de lo que algún día fue. Su pasado como arrastrero le dejó un parque de pesca con dos túneles de congelación y dos bodegas para el pescado. Allí caía y posteriormente se limpiaba y elaboraba, aunque esto no se utilizó cuando pasó a manos de Defensa. De hecho, uno de esos almacenes era utilizado como gimnasio por los 35 miembros de la dotación que podía llegar a acoger.

En el recorrido uno se encuentra con pañoles de armas, munición y limpieza, así como el pañol del contramaestre, donde se aprecian las cadenas de proa. Por otro lado hay una lavandería, la cocina, oficinas y una enfermería, en la que sobre todo se curaron heridas provocadas por anzuelos.

No obstante, lo que más destaca su antiguo jefe de máquinas es su habitabilidad. A diferencia de las fragatas, desde las habitaciones y otras estancias se podía ver el mar a través de las escotillas y los portillos, algo que psicológicamente cambiaba mucho la navegación. «Era una maravilla, un barco muy agradecido y muy cómodo para navegar, muy marinero», destaca Vicente. Además, resalta el puente de mando, con vista de 360 grados y a la vez servía de lugar de reunión.

«Era una maravilla, muy agradecido y cómodo para navegar, muy marinero»

Ahora ya no lo acompaña, eso sí, su doble «razón de ser», las dos embarcaciones que iban a 35 nudos a visitar a los pesqueros. Poco queda más que los muebles y los restos de los sistemas eléctricos, así como elementos curiosos como un póster de la victoria de España en el Mundial de fútbol o un lote de llaves. Restos de un barco con un adiós anunciado. «En mi casa tengo colgadas solo dos metopas y una es la del Chilreu. Fue un barco que dejó marca», concluye Vicente.

Un antiguo arrastrero con 967.000 kilos de hierro y acero

El Chilreu fue botado el 2 de mayo de 1988 en el astillero Naval Gijón como pesquero arrastrero y bajo la denominación de Pescalonso, hasta que pasó a la Secretaría General de Pesca Marítima, que lo rebautizó y lo acondicionó como patrullero. De hecho, tuvo que incorporarle en la bodega de popa 220 toneladas de hormigón, como lastres, para aportarle mayor seguridad.

La valía actual del buque se reduce a sus materiales de su casco y de los equipos que permanecen a bordo. Como recoge el pliego técnico, su composición estimada es de 967.000 kilos entre hierro y acero, 10.000 kilos entre cobre y bronce, y 5.000 kilos de aluminio. El Chilreu podía albergar hasta 770.000 litros de combustible, lo que le permitía recorrer unas 20.000 millas de media al año prácticamente sin tener que repostar. «Un mechero», rememora San Claudio Pérez.

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