Gobernar lo urbano


El profesor Luis Caramés, Catedrático de Economía, vino a Ferrol a compartir los últimos avances sobre políticas locales y gobernanza. Lo hizo en el marco de las Conversas no Parador, ese a modo de tertulia que acaba de cumplir dos años en el que un invitado -experto en una materia- dialoga con un grupo de ferrolanos tomando un café (sirva de guarisnai). Entre otras aportaciones el profesor Caramés tuvo a bien regalarnos una nueva palabra, metropolización, tan nueva que a los académicos de la RAE todavía no les ha dado tiempo a incluirla en el diccionario. El mundo es un mundo cada vez más urbano y lo urbano necesita ser gestionado; la separación entre municipios no satisface las nuevas formas de implantarse en el territorio pero, al mismo tiempo, no han acabado de desarrollarse las áreas metropolitanas; la hegemonía de lo propio, de cada ayuntamiento, está muy arraigada en el ADN de los vecinos y los políticos, y otras afirmaciones de este tenor, fueron desgranadas por el profesor Caramés. Su sentencia más significativa fue que «la gobernanza requiere echar mano de los sistemas tradicionales y sumarles la aportación de la sociedad».

Es verdad que, cada vez más, las sociedades quieren compartir, conocer, participar, tener fijados de antemano cuáles son los objetivos y cómo es de transparente la gestión de los representantes políticos que los han de llevar a cabo. Sin embargo, aún reconociendo que el camino pasa por compartir servicios, mancomunarlos con los vecinos cercanos, continúa existiendo una fuerte carga emocional en la consideración de lo propio. Por eso, después de cuarenta años, en España no se han desarrollado eficazmente los entes supramunicipales (recogidos en la Constitución) que faciliten la mejor gestión de los recursos. Ni que decir tiene que Galicia, con tres universidades, tres aeropuertos, infinidad de puertos deportivos y decenas de centros de interpretación que nunca llegaron a funcionar, es un buen ejemplo de aquello de «la desunión no hace la fuerza».

¿Qué pasa con Ferrol?, lanzó la pregunta al aire Luis Caramés, y todavía debe estar flotando en el salón con vistas al Arsenal. La sorpresa fue mayúscula porque esa era, precisamente, la cuestión sobre la que se esperaba su sabio dictamen. Nadie aportó una respuesta contundente, más allá de los comentarios habituales de que la ciudad naval estaba condicionada por el monocultivo industrial y el sector público, nunca hubo demasiada suerte con los gobiernos municipales, la iniciativa empresarial prefirió instalarse en otros lugares menos reivindicativos, etcétera.

Mientras tanto la ciudad se sigue vaciando de contenidos y de vecinos. La buena gobernanza, de seguir así, dejará de ser una necesidad.

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