«Todos los adictos comenzamos igual: un cigarrito, un porrito...»

Cinco presos de Teixeiro que luchan por dejar las drogas contaron cómo se engancharon y llegaron a prisión


Ferrol

Cuando se piensa en un preso con problemas de drogas la imagen que nos viene a la cabeza poco tiene que ver con la de los cinco reclusos de Teixeiro que ayer se sentaron ante el alumnado del Compañía de María. Lo hicieron para resumirles su vida y su gran error: dejarse llevar por un hilo que empezó con el tabaco y que ahora los retiene en prisión. Cualquiera de los cinco podrían ser padres, hermanos o tíos de los adolescentes que los escucharon con mucha atención, porque se explicaron sin rodeos. «Yo vengo de una familia normal, de los seis hermanos que somos solo yo caí en esto, pero es que a los 14 años me ofrecieron un porro y claro ves las risas de los que los fumaban», contó Manuel que lleva la mitad de su vida en la cárcel y como el resto de sus compañeros llegó a robar a su propia familia para saciar su adicción, aunque los problemas con la justicia llegaron cuando fueron a más y atracaron o incluso traficaron para tener su dosis.

Los cinco que se sinceraron en el salón de actos de Compañía cumplen su condena en un módulo libre de drogas, donde tienen ayuda de terapeutas y psicólogos para mantenerse limpios. «Nunca se acaba esta lucha, sientes miedo porque sabes que no vuelves a ser libre, tienes que estar siempre alerta», contaba Ramón, que hace poco, en un permiso, volvió a pasar por un lugar conflictivo. «Creí que lo tenía superado, pero de repente me hacían los ojos chiribitas, tuve que marcharme rápido de allí».

Esta ronda de confesiones llegó después de una obra y de una proyección en la que se iban repitiendo eslóganes contra las drogas bien conocidos para unos estudiantes, que los siguieron como cualquier otro audiovisual. Sin embargo, en la ronda de confesiones no levantaron la vista e incluso suspiraron largamente cuando uno de los presos mayores contó que solo había visto a su hijo un par de veces en muchos años o cuando el veinteañero detalló que todo empezó en Primaria, cuando se juntó con malas compañías de la ESO.

«¿Quiénes vais al botellón? Pues ya estáis en riesgo de ser como nosotros», espetó uno de los participantes en una experiencia que irá otros institutos de Ferrol y en la que tomaron parte los responsables de esta área libre de drogas, que hablaron a los menores: «Cuando se va a un botellón se está cerca de varias drogas y ante situaciones que conllevan delitos», apuntó Beatriz, una educadora social que recordó que el programa tiene una segunda parte en la que los alumnos visitarán el penal coruñés: «Venid con el DNI, muy abrigados, con calcetines, nada de monedas, mecheros, llaves... Recordad que hace mucho frío -y concluyó seria-. Así es la cárcel».

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