Una despensa con cada vez más bocas que alimentar

El almacén ferrolano que custodia en A Gándara el Banco de Alimentos Rías Altas atiende ya a 4.127 personas, seiscientas más que las que alcanzaba hace tres años

.En la imagen, Fernando y Juanjo, dos de los voluntarios del Banco de Alimentos de Ferrol
En la imagen, Fernando y Juanjo, dos de los voluntarios del Banco de Alimentos de Ferrol

LA VOZ

«Fíjate lo vacías que están ya las estanterías; estamos bajo mínimos pero aún así nos las arreglamos para seguir repartiendo alimentos a todas las oenegés a las que atendemos en fecha, tiempo y hora». Fernando Cheda es uno de los voluntarios del almacén ferrolano del Banco de Alimentos Rías Altas (Balrial) y, como el resto de sus compañeros de filas, estos días anda preocupado por los escasos recursos económicos y humanos con los que cuenta la entidad para seguir adelante.

Y es que, a pesar de que lo peor de la crisis parecer haber pasado ya, la despensa que Balrial custodia en una nave del polígono de A Gándara cada vez tiene más bocas a las que dar de comer. «En estos momentos estamos prestando servicio a un total de 32 instituciones de la comarca, entre ellas ayuntamientos y oenegés, las cuales, a su vez, se encargan de suministrar los alimentos a 4.127 personas, es decir, unas seiscientas más que las 3.500 a las que atendíamos cuando abrimos las puertas del almacén a finales del año 2014», explica Manuel González, otro voluntario de la organización y miembro de la junta gestora de Balrial en Ferrol.

¿Ese aumento de beneficiarios responde a que cada vez hay más personas necesitadas en la comarca? Javier Echevarría, otro de los voluntarios del banco, apunta que eso no se puede asegurar a ciencia cierta. «El incremento de personas a las que atendemos viene derivado de que ahora prestamos servicio a más oenegés que antes, pero eso no quiere decir que haya más gente necesitada. Puede ser que sí o puede ser que no, pero lo que sí está claro es que cada una de esas 4.127 a las que atendemos realmente necesitan nuestra ayuda», apunta este ingeniero industrial reconvertido en voluntario tras la jubilación. «Y sabemos que la necesitan -agrega- porque todas las oenegés a las que prestamos servicio deben certificar la situación de precariedad económica de esas personas».

Pero el almacén de Balrial no solo tiene ahora más bocas a las que alimentar, sino que también tiene que hacer frente a los gastos de alquiler de la nave, luz, teléfono, gasolina... Para sufragarlos, la organización cuenta con una ayuda anual procedente del Concello de Ferrol de unos 20.500 euros, pero poco más. Por eso, como ya hicieron hace apenas un mes, los voluntarios vuelven a lanzar un S.O.S. a toda la comarca. «Todos los días nos hacen falta manos, pero también aportaciones económicas para poder sostener nuestra sede», dice Manuel González.

«Siempre tuve el gusanillo de ayudar y ahora puedo hacerlo»

El Banco cuenta con muchos voluntarios jubilados, pero todos aseguran que necesitan «más manos» en el almacén

A Fernando Cheda mucha gente lo conoce porque durante años atendió a los clientes de la joyería Jar, pero ahora que ya está retirado la jubilación le ha regalado una ocupación más valiosa que cualquiera de las piedras preciosas que pasaron por sus manos cuando trabajaba. «Siempre tuve el gusanillo de ayudar y ahora puedo hacerlo. La satisfacción que te da esto es enorme», apunta sonriente. Junto a él, son muchas las personas que cada día reman a una por Balrial. Ahí están Javier, Manuel, Luciano, José Francisco, José María, Juanjo, José Manuel... Y entre tanto hombre, también a mujeres como María, que es la que pone «el ritmo y la alegría al almacén», según aseguran sus compañeros.

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