«Mi casa mide dos metros de ancho»

El casco urbano de Ferrol conserva vestigios del aprovechamiento que en su día se hizo de solares reducidos

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Ferrol

«Mi casa mide dos metros de ancho». Lo dice, con cierta satisfacción, el vecino de A Cabana Alfonso Pita Campo, que es el propietario del edificio número 11 de la calle Lugo de Ferrol, al que llama «Casa de Muñecas» y que está convencido de que es el más estrecho de Ferrol. Y es que realmente se ve diminuto, aunque entre sus tres plantas suma cerca de 100 metros cuadrados, porque tiene 18 metros de fondo. La fachada solo mide dos metros y medio de ancho, pero su interior solo alcanza los dos metros, porque el resto lo ocupan las paredes de piedra a la vista.

En conjunto, se trata de una casa perfectamente apta para vivir, porque fue rehabilitada hace 14 años y desde entonces siempre tuvo inquilinos. De hecho, los últimos moradores, un abogado y su familia, que vivieron allí cinco años, la dejaron libre el pasado lunes, pero por ella también pasaron varios profesores de colegios de la zona, por lo que el dueño confía en que pronto vuelva a alquilarla.

La distribución de la vivienda se desarrolla en las tres plantas: en el bajo, que conserva la antigua lareira, aunque está recubierta por una placa de hormigón, está ubicada la sala de estar; la primera planta la ocupan la cocina, con dos pequeñas ventanas que dan a la calle Lugo, y el cuarto de baño; y en el bajo cubierta hay instaladas dos habitaciones y un aseo.

El actual dueño la compró hace 16 años. Estaba en estado ruinoso y pertenecía a dos propietarios, porque el bajo, con sus 36 metros cuadrados, era una única vivienda, mientras que el primero y el ático formaban otra.

Otras fachadas minúsculas

Pero en Ferrol hay otras casas con fachadas de reducidas dimensiones. Es el caso de dos, entre las que solo hay un edificio «normal», que están situadas en la avenida Irmandiños, enfrente del antiguo cuartel de Instrucción de Marinería, cuyas fachadas miden 2,95 y 3 metros, respectivamente. Esta última está en estado ruinoso y la otra también denota abandono, aunque de sus ventanas todavía cuelgan unas cortinas y una antena de televisión.

En la calle Castro, también en Ferrol Vello, hay otra vivienda ruinosa cuyo frente mide 2,89 metros y en el número 16 de Carmen Curuxeiras se puede ver otra, con unas dimensiones de fachada de dos metros y medio, en la que solo está habitado el segundo piso. En él vive Jesús García Pazos, un mecánico jubilado que tiene habilitado una especie de taller casero en el bajo, que, según explica, en su día albergó un club de alterne. Según este vecino, su piso tiene una superficie de 62 metros cuadrados, porque, a pesar de la estrechez de la fachada, la planta del edificio tiene forma de trapecio y las dimensiones de la parte posterior son similares a las de que cualquier vivienda normal.

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