El paro que reaviva el polvorín del naval

Trabajadores auxiliares exigen aplicar ya los acuerdos del 2001 mientras se acentúa la división sindical


Ferrol

Mejorar y homogeneizar las condiciones laborales de las plantillas de las empresas auxiliares que trabajan en los dos astilleros de la ría y acabar con la competencia desleal en las distintas compañías navales. Un doble objetivo que fue el germen de un conflicto que se gestó en la primavera del 2001 y que culminó a finales de ese mismo año con un acuerdo entre empresarios y sindicatos para regular las condiciones de trabajo en las factorías públicas, y es el mismo fin que vuelve a ponerse encima de la mesa en el sector 16 años después. En este caso, la mecha que ha encendido el con frecuencia activo polvorín del naval ha sido la firma del preacuerdo del convenio provincial del metal, suscrito por CC. OO. y UGT y rechazado por la CIG.

El origen

La desigualdad. A principios de los 2000, la desigualdad campaba a sus anchas entre las subcontratas del naval de la ría, dándose circunstancias de que empleados de una misma empresa cobraban diferente dependiendo de si trabajaban en el astillero (entonces era Izar) de Ferrol o de Fene o incluso dentro de un mismo centro de trabajo. En mayo del 2001, los sindicatos CC. OO., UGT, CIG y USO presentaron una plataforma que homologaba algunas condiciones a las de la plantilla principal, como que todos los trabajadores habrían de regirse por la misma jornada laboral y por la misma normativa de salud laboral. Dos semanas después de dar a conocer esa propuesta, trabajadores auxiliares iniciaron una huelga, a través de una convocatoria anónima, para pedir mejoras laborales y salariales, con un 15 % de incremento en las nóminas. Después de diez días de paros y de que los sindicatos se pusieran de nuevo al frente de las conversaciones, se selló un acuerdo. Un mes más tarde, el conflicto se repitió en una empresa de aceros de la división de Reparaciones de Izar Ferrol, que rápidamente saltó al resto. También de nuevo hubo paros y negociaciones, que culminaron a finales de ese mismo año con la firma de acuerdos por parte de las principales compañías de la ría para regular las condiciones de trabajo.

Gremios

Las firmantes. En noviembre del 2001 se alcanza el primer preacuerdo con las firmas de aceros Atenasa, Iris, Cotrafer, Eymosa, Electrorayma, Talleres Cachaza, Elymar, Indunor, Monesa (Nervión), Elinco, Gabadi y Sefrimer, varias de las cuales ya no existen en la actualidad. De nuevo, se pacta la jornada laboral y las condiciones de prevención equiparadas a la plantilla principal, se fija una nómina tipo y unas tablas de clasificación profesional de los empleados. Unos meses después también se extendió el acuerdo a las firmas de servicios.

Ruptura

Llega la crisis. En el 2011 son los trabajadores de las industrias auxiliares los que dan el primer paso al frente para advertir de la crisis que se avecinaría en el sector si no se conseguían nuevos encargos, ya que se estaban vaciando las gradas de las plantas locales. A partir de entonces la sangría de empleos en las subcontratas fue una constante, conforme iba agotándose el trabajo, hasta que el 2 de diciembre del 2013 los dos astilleros se quedaron paralizados por completo. Con el primer encargo que llega al naval de la ría, el buque flotel para la petrolera mexicana Pemex, la situación de las auxiliares se convierte en un juego revuelto.

Los recortes

Licitaciones a la baja. Navantia necesita contratar porque carece de encargos, se enfrenta a unas condiciones de mercado con un incremento brutal de la competitividad y a una situación económica muy complicada. El pedido del flotel, que se materializa a través de la Xunta, se produce para paliar esa falta de trabajo pero con unas condiciones económicas poco favorables para el astillero, que traslada a su vez ese recorte a las licitaciones. Llegan compañías de fuera de la ría que no respetan los acuerdos del 2001 -reeditados posteriormente en el 2006- y muchas de las de la comarca afirman que si los cumplen se quedan fuera de las licitaciones. Algunas continúan aplicándolos pero la mayoría ya no.

Consecuencias

Deterioro de las condiciones. Aún con un nivel de empleo auxiliar muy bajo, empiezan a llegar otras obras, y se mantienen las desigualdades, porque los empresarios insisten en que no pueden concurrir con los precios de las licitaciones. Los trabajadores aseguran que en algunos casos cobran hasta 500 euros menos que en la etapa anterior y que se consolidan las desigualdades dentro de las mismas empresas. En los últimos años se llevaron a cabo movilizaciones reclamando que se repusieran esos acuerdos.

Protestas del metal

Negociaciones. Los pactos del 2001 constituyeron uno de los caballos de batalla de la negociación del convenio provincial del metal en Ferrol. La firma del preacuerdo por parte de CC.OO. y UGT con el rechazo de la CIG está en el trasfondo de esta última crisis. Las dos centrales lo defienden y dicen que la negociación con la patronal servirá para actualizar y dar cobertura legal a los acuerdos del naval al incluirlos en el convenio. La central nacionalista cree que sufrirán recortes y por ello decide convocar la huelga general. Los empresarios rechazan la medida con la mesa de diálogo recién abierta.

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