«En el convento somos libres y felices»

A punto de celebrar su sesenta aniversario, la única casa de clausura de Ferrol sortea el desierto vocacional con once monjas dedicadas a la oración y las labores


Ferrol

Hace apenas diez días, las dos últimas monjas que vivían en el convento pontevedrés de Santa Clara fueron trasladadas a Santiago debido a su avanzada edad. Y sin moradoras ya en el interior del centenario edificio, a la orden religiosa no le quedó más remedio que cerrar sus puertas a cal y canto. ¿Podría ocurrirle lo mismo a la casa de Las Esclavas del Santísimo, el único convento de clausura que existe en Ferrol? La respuesta la ofrece, al otro lado de las rejas del locutorio, sor Felisa, la madre superiora: «De momento eso no nos va a pasar. Ahora somos once monjas y, si en algún momento llegase a haber necesidad, la congregación podría enviar aquí a religiosas de otras casas».

A diferencia de las monjas de clausura papal -que «donde entran, mueren», aclara la madre Felisa-, las religiosas de Las Esclavas practican una clausura constitucional (es decir, regida por su propia orden), lo que les permite cambiar de casa cada cierto tiempo. Eso explica que las once religiosas que viven ahora entre sus muros hayan estado antes en otros conventos. Por ejemplo, la madre Mariela -una guatemalteca que con 21 años es la más joven del convento- ya estuvo en las casas de Las Esclavas de Cuenca y Ourense antes de recalar en Ferrol.

Esta monja sudamericana, que cuenta que sintió «la llamada de la vocación» con solo 15 años, comparte vida contemplativa con otras diez religiosas, una de Guatemala como ella, otra de Kenia y el resto de Valladolid, Salamanca, Burgos y Galicia. «En España cada vez hay menos novicias, pero gracias a las vocaciones que surgen en otras partes del mundo, sobre todo en Guatemala, nuestra congregación todavía no ha tenido que cerrar ninguna casa», explica la madre superiora.

Pero, ¿cómo será el día a día en las entrañas del convento ferrolano? «Esto no es jauja, llevamos una vida sacrificada, es verdad, pero somos las personas más felices del mundo», se apresura a dejar claro la madre Felisa. Y al comentarle que hay quien asocia la vida contemplativa con una prisión, no tarda ni un segundo en ofrecer la réplica. «Quienes piensen que nos sentimos encarceladas no saben lo que dicen. No somos monjas amargadas ni tristes, sino todo lo contrario. En el convento somos libres y felices, porque no aspiramos a riqueza ni a bienes materiales y en la pobreza y la oración encontramos la felicidad», apunta la madre superiora.

Junto a ella, la madre Basilia y la madre Mariela explican cómo es un día cualquiera en la casa de clausura donde antaño se alzaba la antigua ermita de San Roque. Además de rendir culto al Santísimo Sacramento expuesto en el altar durante las 24 horas -lo que les obliga a hacer turnos día y noche para que siempre haya alguien en la iglesia-, las monjas también dedican su tiempo a la confección de todo tipo de prendas religiosas, desde casullas a manteles, pasando por albas o mantos para las imágenes de Semana Santa. La madre Basilia es la más experimentada en esa tarea y, a pesar de su avanzada edad, no reniega de la tecnología. «Hace algún tiempo compramos una máquina especial y, ahora, gracias a programa informático, hacemos unos bordados preciosos con el ordenador», cuenta mientras muestra una de sus últimas creaciones.

Gracias a la venta de esas labores y a las ayudas de los fieles que acuden a la iglesia, las monjas subsisten en el convento y ofrecen bocadillos a las personas sin recursos que les piden ayuda. Y aunque mantienen el torno y las rejas -y no tienen ni radio, ni televisión, ni periódicos- no se sienten aisladas del mundo. A pesar de que no son clarisas, muchas novias van a verlas con frecuencia y les llevan huevos con la esperanza de que no llueva el día de su boda. Y en el locutorio también reciben visitas de amigos y familiares. Unos y otros se encargan de mantenerlas informadas. «¡Así nos enteramos de lo de Cataluña!», exclama la madre superiora.

Fundación. La congregación de Las Esclavas nació en Málaga en 1943. En 1958 fundó su casa de Ferrol.

Tres nacionalidades. En el convento conviven monjas de tres nacionalidades: España, Kenia y Guatemala.

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