Medallas


Me pregunto si será posible reparar hoy en algún asunto distinto al que nos ha conducido el empecinamiento nacionalista -no solo el catalán, naturalmente-: vean ese alegre ondear de banderas en las locomotoras que circulan por la misma vía en sentido de colisión: las dos rojas y amarillas. Una fiesta. Confiemos en que al menos el fogueteiro tenga sentidiño, seny o sosiego y la cohetería dispuesta en los palenques no nos regale un disgusto que requiera algo más que atención médica. Pues de atención sanitaria pretendía hilvanar estas líneas si me lo permite el ruido de sardanas, a raíz de la selección de tres iniciativas de profesionales del hospital público de Ferrol para concurrir a un premio de prestigio; hecho del que se ha ocupado este periódico el jueves pasado. Porque, habiendo sido la inversión en el sector de la salud la mula de carga de los recortes presupuestarios de la Xunta en los últimos años, con reducciones en personal, equipamientos, planes asistenciales, gastos de todo tipo, en fin, ya tiene mérito que sus profesionales no hayan tirado la toalla. Al contrario, como en una acción de protesta ejemplarizante, se aplicaron con más ahínco a su trabajo. Incluso hasta, en algunos casos que merecerían un reconocimiento público, elevarlo al nivel de la excelencia. No cabe duda que lo mejor de la sanidad pública gallega es su cuadro de personal, como cabría decir de la educación, otro sector maltratado por la Administración. Si aun con todo disfrutamos de una buena asistencia sanitaria pública, desde luego, se debe al tesón de sus profesionales, si bien las medallas siempre acaban en otro lugar. Pero, en fin, así se escribe la historia.

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