Cerca de 300 efectos acabaron este año en la oficina de objetos perdidos

Carteras con documentación y dinero, llaves y móviles son los enseres que más se extravían

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Ferrol

Carteras con documentación y dinero, llaves y teléfonos móviles, son, por este orden, los efectos personales que más se extravían en Ferrol. Pero también hay quien pierde gafas, bolsos, maletas, joyas e incluso dentaduras postizas, aunque en este último caso son los menos.

A día de ayer, en la oficina de objetos perdidos del Concello de Ferrol, situada en la planta baja del consistorio, se habían contabilizado 475 reclamaciones de ciudadanos que habían perdido algo en lo que va de año. La cifra es sensiblemente inferior al mismo período del 2016, en el que las denuncias habían sido 549.

Pero no todo lo que se pierde acaba en esta oficina, porque cerca de la mitad de los efectos se queda en las manos de quien los encuentra o, en algunos casos, los sustrae. Así, del montante de reclamaciones de este año, solo 265 objetos siguieron el trámite oficial de entrega y el agente de la Policía Local Nicolás Villar, que es el que está al frente de la oficina, se ha encargado de contactar con los verdaderos dueños, aunque no siempre es posible. Y no lo es porque hay material que aparece en la calle y su pérdida no fue denunciada, y otro que carece de señas que permitan llegar al propietario. De ahí que en el almacén habilitado al efecto se acumule una gran cantidad de bolsas y mochilas con efectos de escaso o nulo valor, que llegará el momento en que serán recogidos por la empresa Urbaser.

Por su parte, los objetos de valor están depositados en la oficina, en la que tienen que permanecer dos años. Transcurrido ese tiempo, si no aparece el dueño, se le reintegran a la persona que lo había entregado. Nicolás Villar relata el hecho de un vecino que hace dos años había encontrado una cartera con 66 euros y hace unos días el agente le comunicó, para su sorpresa, que podía pasar a recoger el dinero porque el dueño no había dado señales de vida. Y es que la labor de este policía no se limita a recoger y catalogar el material que le llega -lo tiene clasificado con un número y la fecha del hallazgo-, sino que su cometido principal es buscar al dueño. Así, en el caso de documentación se la hace llegar a su domicilio por correo certificado y en otros supuestos trata de contactar por teléfono o le envía un aviso para que pase a recoger lo extraviado.

El agente Nicolás Villar también tiene que emplear sus dotes de detective para luchar contra la picaresca. Según señala, hay gente que llega allí y dice que ha perdido dinero o algo de valor y entonces es cuando surgen las preguntas de «cuánto, cuándo y en qué lugar». El policía refiere que en varias ocasiones le llegó gente preguntándole «¿qué gafas tienes por ahí?» y la respuesta es siempre la misma: «¿Qué gafas ha perdido?». Recuerda, asimismo, cuando el depósito de objetos perdidos se limitaba a una caja llena de cosas en la entrada del palacio municipal, en la que la gente rebuscaba para llevarse el llavero que más le gustaba. Ese tiempo ha quedado atrás y en la actualidad todo está registrado y se comprueba que quien recoja algo sea el legítimo propietario.

Algunos establecimientos comerciales colaboran en esa labor de buscar el dueño. Es el caso del hipermercado Alcampo, que ayer mismo entregó un paquete de efectos que los clientes perdieron en sus instalaciones, acompañado del correspondiente listado. La mayoría eran tarjetas bancarias, pero también había algún móvil y varias piezas de bisutería.

«Agradezco infinitamente haber podido recuperar mis pertenencias»

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La alegría que demuestran quienes logran recuperar lo que ya daban por perdido es impresionante. Le ocurrió el pasado lunes a un vecino de Madrid que está pasando unos días en la comarca, invitado por un amigo de San Sadurniño. Resultó ser César Navarro de Francisco, presidente del Ateneo de Madrid. Entró en la oficina de objetos perdidos con la esperanza de recuperar su bolso, en el que llevaba la documentación, el móvil y el billete de autobús para regresar a Madrid, además de cien euros. Y lo logró, porque unos minutos antes lo había depositado allí un taxista que lo halló en la parada de la plaza de España, y Nicolás Villar ya había contactado con el dueño. «Agradezco infinitamente haber podido recuperar mis pertenencias», señala. Faltaba el dinero, pero lo dio por bien perdido e incluso dijo que daría el doble por recuperar el resto de sus cosas. Sospecha que le sacaron el bolso, pero aún así dice llevarse una magnífica impresión de Ferrol.

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