Pérdidas de hasta 1.000 euros al año en loza a causa de las palomas y gaviotas

Ni los búhos de cerámica ni los aparatos de ultrasonidos resultan efectivos para ahuyentar a las aves, según los hosteleros


Si la falta de luz es un problema para la hostelería de la plaza de la Constitución, no menos lo es la cada vez más agobiante y molesta presencia de gaviotas y palomas en las terrazas. El problema -que no solo afecta a esta zona de la ciudad, sino a otras muchas, como la plaza de Amboage o Ferrol Vello- trae de cabeza a los hosteleros, que no saben ya qué hacer. En el café Bla, Bla y en El Marqués, ambos en Amboage, colocaron búhos de cerámica para espantar a las aves, pero no dieron resultado. «Durante unos cuantos días el remedio funcionó, pero al cabo de una semana las palomas y gaviotas se dieron cuenta de que el búho era de mentira, porque no se movía y volvieron a la carga», comenta Lorena, camarera del Marqués.

Otros remedios, como los aparatos de ultrasonidos y los cedés colgados de hilos para deslumbran a las aves, tampoco parecen ser efectivos. Y ante la falta de soluciones, el único remedio que le queda a los camareros es el de «salir corriendo» a las mesas en cuanto los clientes se levantan para recoger cualquier resto de pincho o tapa que haya podido quedar.

Además de ensuciar mesas y sillas y molestar a los clientes, los hosteleros también se quejan de que las aves -sobre todo las palomas- rompen varias piezas de vajilla al día. Por ejemplo, en el Café Beirut del Cantón, su dueño asegura que las pérdidas por esta causa ascendieron a más de mil euros en apenas un año.

Pérdidas de hasta 1.000 euros al año en loza a causa de las palomas y gaviotas

Ni los búhos de cerámica ni los aparatos de ultrasonidos resultan efectivos para ahuyentar a las aves, según los hosteleros

Si la falta de luz es un problema para la hostelería de la plaza de la Constitución, no menos lo es la cada vez más agobiante y molesta presencia de gaviotas y palomas en las terrazas. El problema -que no solo afecta a esta zona de la ciudad, sino a otras muchas, como la plaza de Amboage o Ferrol Vello- trae de cabeza a los hosteleros, que no saben ya qué hacer. En el café Bla, Bla y en El Marqués, ambos en Amboage, colocaron búhos de cerámica para espantar a las aves, pero no dieron resultado. «Durante unos cuantos días el remedio funcionó, pero al cabo de una semana las palomas y gaviotas se dieron cuenta de que el búho era de mentira, porque no se movía y volvieron a la carga», comenta Lorena, camarera del Marqués.

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