Más seguidores, más requisitos y menos voluntarios para las comisiones


Las verbenas populares viven uno de los mejores momentos de su historia reciente, al menos en cuanto a seguidores. Los jóvenes llenan los campos y apuran la fiesta hasta la madrugada y el fenómeno fan, antes reservado a artistas y bandas, crece entre las orquestas de más caché. El bum de los festejos coincide con un endurecimiento de la normativa, con cada vez más requisitos y más gastos, con un efecto disuasorio a la hora de crear una comisión. Todo va a más en este singular universo, salvo los voluntarios para implicarse activamente en la organización.

¿Quién organiza las fiestas patronales?

En la mayor parte de los casos, son comisiones formadas por vecinos de cada parroquia, que se van rotando. En el Porto de Espasante o en Labacengos (Moeche) cuando acaban las fiestas ya se designa a los organizadores del año siguiente. A veces son las asociaciones o los empresarios los que se hacen cargo y, cuando hay riesgo de desaparición, acuden en auxilio los concellos, como este año el de Ortigueira para la Patrona. El Ayuntamiento de As Somozas asume directamente la organización del Santiago, con un cartel del máximo nivel, como el de Ferrol el San Ramón.

¿Cuánto cuesta organizar unos festejos de campo?

Varios factores condicionan, de partida, el coste final de las fiestas. La fecha -en julio y agosto se encarecen, en especial el 25 de julio y el 15 de agosto, cuando se produce la mayor concentración de citas- y el día de la semana -en sábado cuestan más- influyen, igual que el caché de la orquesta. Fátima Pena, representante de Alvar Espectáculos en Ortegal y Ferrolterra, establece tres niveles para un sábado de julio: «Orquestas sin nombre, pero que funcionan bien, entre cinco mil y seis mil euros; intermedias, entre ocho mil y nueve mil; y las grandes, de 15.000 a 17.000, salvo el 25 de julio o el 15 de agosto, que llegan a 20.000 o 22.000». Las orquestas absorben alrededor del 80 % del presupuesto de unas patronales. El 20 % restante se destina al pago de los gastos de iluminación -varía según el tipo y el número de guirnaldas-, los fuegos, el seguro de responsabilidad civil, la cartelería o el abono a la Sociedad General de Autores (SGAE), que grava estos eventos con un mínimo de 85 euros, si actúa un grupo, 170 por una orquesta de categoría media, y 340 por una de las más cotizadas en el mercado. La suma final puede rondar los 15.000 euros, en época baja y con un cartel modesto, o sobrepasar los 60.000, en plena temporada estival y con orquestas reconocidas. Hay parroquias pequeñas que se han gastado en sus tres fiestas del año cerca de 90.000 euros y villas que cubren cuatro jornadas con poco más de 30.000. Todo depende de la disponibilidad económica y las aspiraciones de la comisión.

¿Cómo se financian este tipo de celebraciones?

Los donativos de particulares y empresarios (directamente o con anuncios en el libro de las fiestas) constituyen una de las principales vías de financiación, junto con la recaudación de las cantinas que, en muchos casos, gestiona la comisión. Los concellos ayudan, con aportaciones económicas, que van de los 200 a los 500 euros de media; con la cesión de la carpa, apoyo logístico o asesoramiento técnico (a la hora de elaborar los planes de seguridad que exige la normativa). Y las comisiones venden desde lotería y rifas a camisetas o llaveros, organizan cenas baile, churrascadas o fiestas gastronómicas, y sortean electrodomésticos, corderos o roscones, según la tradición de cada pueblo y el empeño con que afronten el reto.

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