«De aquí ya no hay quien me mueva»

Llegó a Ferrol por el fútbol y, cuando ya pensaba en volver a São Paulo, un amor le hizo cambiar de opinión. «Además -asegura- la vida aquí es más fácil que en Brasil»


ferrol / la voz

La vida de Marco Aurelino Jacob (São Paulo, 1980) siempre ha estado ligada al fútbol. Y fue el fútbol, precisamente, lo que lo trajo a Ferrol hace ya una década. En Brasil llevaba diez años jugando como profesional -en equipos como el São Paulo, el Paulista y el América Fútbol Club-, cuando, un buen día, recibió una oferta de un representante gallego que le tentó con la posibilidad de un buen fichaje al otro lado del Atlántico. Al final aquella oferta no cuajó, pero Marco, con un pie ya en Ferrol, no tardó en abrirse camino. Como centrocampista jugó en el Somozas, el Val, el Narón y el San Sadurniño, donde hoy en día -a punto de colgar las botas, porque este año aún jugó en «plan aficionado»- se dedica a preparar a las jóvenes canteras de las categorías infantil y cadete. «Disfruto muchísimo con mi trabajo: ver la ilusión de los niños y cómo progresan con los entrenamientos resulta muy gratificante», comenta sonriente Marco, quien también trabaja como entrenador personal en Espacio Vivo y el Centro Ashtanga Yoga.

Pero este brasileño con nombre de emperador romano no siempre tuvo tan claro que su futuro estaría en Ferrol. A los tres años de llegar a Galicia, un directivo de Brasil le ofreció la posibilidad de regresar a su país para jugar en el América y él no lo dudó. Pero, cuando ya se disponía a hacer las maletas, algo pasó que trastocó todos sus planes. En su camino se cruzó Noelia, una ferrolana que le hizo cambiar de opinión y con la que ya lleva siete años de noviazgo. «Tuvimos mucha suerte, porque a ninguno de los dos nos gusta salir de noche y una de las pocas veces que lo hicimos tuvimos la suerte de encontrarnos. Fue un flechazo, así que se puede decir que me quedé en Ferrol por amor», explica Marco al tiempo que apunta que los dos ya piensan en casarse, aunque todavía no tienen fecha para la boda ni tampoco viven juntos.

De su ciudad adoptiva cuenta que le gusta casi todo. «Es que aquí la vida es mucho más cómoda y fácil que en Brasil, donde para vivir bien tienes que ganar mucho dinero. En Galicia con un sueldo medio se puede vivir dignamente. ¿Crisis? Bueno, puede que en España haya crisis pero en Brasil no verás a nadie tirando un televisor o un microondas, como sí sucede aquí» reflexiona en voz alta Marco. Además, el entrenador deportivo alaba la «tranquilidad» de una ciudad pequeña como Ferrol, la benignidad del clima atlántico y el carácter de la gente: «Todo el mundo es muy amable y nunca jamás he tenido un problema por ser extranjero: la gente me habla de tú a tú, como si fuese un ferrolano más y eso se agradece».

Tan feliz se le ve a Marco en Ferrol que hasta duda al hacerle la pregunta. ¿Es que no siente morriña de su país? «Pues la verdad es que no, porque aquí ya me encuentro muy integrado», responde veloz. Pero a renglón seguido aclara que si no siente los zarpazos de la nostalgia también se debe a que en Ferrol cuenta con dos apoyos muy importantes: su madre y su hermano Umberto. «¡Ah! Y tampoco te olvides de poner a mi sobrino Tiago, que tiene cuatro años y es un ‘crack’», comenta con orgullo de tío.

Con novia, familia y trabajo, Marcos no duda del escenario que ve dibujado en su futuro. «Yo soy brasileño al cien por cien, pero también me siento ferrolano y de aquí ya no hay quien me mueva», dice contundente. Pero cuando, al final del encuentro, la conversación gira hacia el fútbol, su corazón vuela rápidamente a Brasil. «Aunque me gusta la forma de jugar del Barcelona, yo siempre seré hincha del São Paulo y, si me preguntas por mis jugadores preferidos, no tengo duda; de los de antes, Ronaldo, pero el Ronaldo auténtico, el fenómeno, y de los de ahora, Neymar, porque lo tiene todo».

Lo que le gusta de su ciudad adoptiva. La amabilidad de la gente, la tranquilidad de la ciudad y también el clima. «Soy un brasileño atípico; no me gusta el calor».

Lo que no le gusta. El excesivo «cotilleo». «A la gente le gusta demasiado hablar, saber y opinar de la vida de los demás».

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