Las cerezas


Y en esto que está uno tomando café y leyendo Golpes de mar, de Antón Castro (un maravilloso libro cuya edición definitiva, con todos los textos fijados y algunos relatos nuevos, acaba de ver la luz de la mano del sello Ediciones del Viento), cuando le llega un mensaje desde el Bierzo en el que unos amigos, que salieron de Sillobre cuando aún era noche, le dicen que van a volver a casa pasando por O Cebreiro, porque tienen tiempo, y que traen muchas y muy buenas cerezas con ellos. Magnífica tierra, el Bierzo, país hermano de todas las Galicias que le ha dado al mundo, entre otros regalos, la luminosa literatura de Antonio Pereira, gran escritor y excepcional ser humano que también le quería mucho a Ferrol, por cierto; y que además les soñaba trenes a los lugares en los que no los había. Sin ir más lejos, a Mondoñedo. «¡No, no quiero cogeros más cariño aún, que después os echo mucho de menos...!», solía decir Antonio, que como escritor, al igual que Antón Castro, dominaba con verdadera maestría el arte de contar con las palabras justas el mundo entero. Cuando ustedes lean esto, las cerezas ya estarán aquí, si Dios quiere. Y podremos celebrar que este que les escribe, Servidor de Ustedes, no cumple hoy (discúlpennos la confidencia) un año más, como pretende la fría matemática de los calendarios, sino eso que Basilio Losada, genialmente, llama «un año menos». En estas circunstancias, uno no puede evitar acordarse de los amigos que habitan lo que nosotros llamamos muerte. Pero que la melancolía no nos impida dar las gracias a quienes siguen en esta orilla del río. En primer lugar, a todos ustedes. «Verdadeiramente, moitas gracias», como decía Cunqueiro.

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