Poca gente, mucha calidad de vida

Los vecinos recuerdan tiempos de calles llenas, pero creen que no todo está perdido


Ferrol

Cualquier día, poco después de las once de la mañana, hay bullicio en las calles de Canido. Cuando hace sol Manuela Sueiro sale de su residencia, Mi Casa, en la avenida de Coruña, y se sienta en una terraza a charlar con una amiga. A veces recuerdan otras épocas y siempre llegan a la conclusión de que Ferrol tuvo un pasado mejor. No hace falta comentarles los últimos datos del INE, los adivinan: «Yo vivía en el centro y claro que la ciudad ha perdido gente, toda la vida, pero es que se han ido con las grandes fábricas que había aquí», cuenta esta mujer de 83 años que ha visto como sus sobrinos dejaban la ciudad para trabajar en otros sitios más prósperos. Ella se consuela con Canido: «Al menos este barrio ha recuperado algo de vida y eso que estuvo muy mal».

José Manuel Piñeiro es un marino ferrolano, pero hace 26 años que cambió las calles de Ferrol por las de Cádiz. «Por trabajo, por supuesto, hubo un tiempo en el que aquí había vida por la mañana, por la tarde y por la noche. Eran las épocas doradas de Bazán y Astano en las que los obreros ganaban 90.000 pesetas cada mes». José Manuel recuerda una información que leyó cuando se marchó hace casi tres décadas: «Creo que la población bajaba a 87.000, comenzaba entonces la sangría y mira a dónde ha llegado», se lamenta. No puede evitar rememorar los años en los que se construían superpetroleros y el tren de vida que se podían permitir muchas familias era una fiesta diaria: «Esta era una de las ciudades en las que se consumían los mejores reservas; ahora, crisis total», concluye.

Pilar trabaja en los juzgados y hace unos años que regresó tras pasar por ciudades como Madrid o Barcelona. También ella ve que cada vez las aceras están más solitarias, pero está encantada con la vuelta a su ciudad: «Esto está muerto, pero la calidad de vida que hay no la encuentras en otros sitios: es una ciudad cómoda, sin atascos, barata... ».

Demasiados cambios

La falta de bullicio no conviene tanto a negocios como Tartiñas, una pastelería que regenta un matrimonio que nació en Colombia, pero lleva casi dos décadas en España y diez años en Ferrol. «Desde que llegamos solo hemos visto que la cosa va a menos», precisa Nuria Vadel, mientras su marido, Jorge Cure, apunta que la inestabilidad política no ayuda a que los negocios y las empresas se asienten como deberían.

Irene, Fanny y Ainhoa están a punto de terminar las clases en el Concepción Arenal y preparando el maratón de la selectividad. Ferrol les gusta, pero reconocen que todos sus amigos se van a ir en breve. Y ellas también. De hecho, tienen planes para compartir un piso el año que viene en A Coruña. Irene quiere estudiar Inef, Fanny un ciclo de ilustración y Ainhoa está decidida a matricularse en Filología Inglesa. Las tres le dieron una oportunidad al campus ferrolano, pero no encontraron nada: «Toda nuestra clase se va».

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