«Nunca imaginé que viviría tanto»

La ferrolana Carmiña Rodríguez celebró hace pocos días su cumpleaños entre la alegría y la estupefacción: «¡Estoy asombrada de haber llegado a los 100! Ojalá viva algunos años más»


ferrol / la voz

¿Cuál es el secreto para llegar a los cien? Si alguien puede responder a esta pregunta esa es Carmen Rodríguez Montero, Carmiña para sus amigos y conocidos, que el pasado 2 de marzo se convirtió en centenaria por obra y gracia de su buena salud y del inexorable paso del tiempo. «¿Que cuál es el secreto para llegar a los cien me preguntas? Pues yo creo que llevar una vida sana y saber afrontar los problemas con calma y serenidad cuando llegan», comenta esta ferrolana de Canido, que hace pocos años tuvo que abandonar el barrio tras el derribo de su casa de la calle Alegre.

Ahora vive cerca de la rotonda del Diapasón, en la frotera entre Esteiro y Caranza, y desde allí relata la emoción que sintió al celebrar su cumpleaños el pasado sábado en el Reina Sofía. En el restaurante de parque la sorprendieron con la actuación de un gaiteiro que le tocó varias piezas, un ramo de flores, un buen banquete... Y, por supuesto, con el cariño de familiares y amigos. «Fíjate si todavía tengo raíces en Canido que vinieron a la celebración dos vecinas de siempre, Auri y María, a las que yo vi nacer y crecer», cuenta entusiasmada.

Dificultades

En su ya larga vida, Carmiña construyó una familia con dos hijos -Carmen y José Manuel-, cuatro nietos y tres biznietos, disfrutó de su trabajo como ama de casa, pero también tuvo que hacer frente a muchas dificultades. «Me quedé viuda con cuarenta años y entonces el mundo se me vino encima, pero tuve que tirar para adelante, no quedaba otra», apunta emocionada, al tiempo que rememora lo feliz que fue junto a su marido, un saxofonista de la Banda de Música de infantería que murió demasiado joven a causa de un tumor cerebral.

Aunque las piernas le empiezan a flaquear debido a una operación de cadera, la cabeza de Carmiña está en plena forma. Tiene una memoria prodigiosa y confiesa que disfruta sobre todo con las visitas y cuando la sacan a pasear, aunque sea en silla de ruedas. «Me encanta que me lleven a Canido, porque aunque ahora ya no vivo allí, ese sigue siendo mi barrio. Además, ahora da gusto verlo: con las últimas obras que se hicieron está precioso y con las pinturas todavía más», comenta en alusión a las ya emblemáticas Meninas.

Carmiña se considera una mujer «tranquila» y «familiar», que siempre llevó una vida de lo más «normalita». Pero quienes la quieren no ahorran halagos hacia su persona. Su nieta Olga cuenta que de ella admira su capadidad para asumir las adversidades y, sobre todo, su enorme tesón. «Tiene muchísima fuerza de voluntad, es muy nerviosa y siempre se preocupa mucho por todos», comenta orgullosa de su «yeya», como llaman a Carmiña sus nietos y biznietos.

¿Habría ella imaginado alguna de vez de joven que sus ojos llegaría a ver el Ferrol del 2017? «¡Qué va! Nunca lo soñé...¡Estoy asombrada de haber llegado a los cien!», exclama la protagonista de esta historia. Y, antes de la despedida, se permite una confidencia: «Estoy muy contenta de haber llegado hasta aquí y ojalá pueda vivir algunos años más para ver crecer a mi biznieto Iago, el más pequeño, que solo tiene cinco años».

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