FERROL

Dentro de menos de diez meses, el 7 de noviembre, el Punto Limpio de Ferrol cumplirá una década de servicio al borde de la carretera de Catabois. Recinor, una unidad de negocio de Rilo, lo gestiona desde entonces y ya ha visto pasar por la oficina de registro a unos 12.000 usuarios, muchos de los cuales se han ido acostumbrando a acudir regularmente.

El año pasado depositaron un total de 78.440,25 kilos de residuos, de los cuales 21.947,22 pertenecían al grupo de peligrosos (absorbentes contaminados, aceite, aerosoles, baterías, electrodomésticos, etc.).

stos son expedidos a un gestor final certificado para el tratamiento. Mientras, los escombros de construcción y demolición acaban en la planta de reciclaje de la empresa, ubicada en las mismas instalaciones. «Poco a poco la gente se va concienciando de la peligrosidad de algunos residuos», subraya Noelia Pérez, ingeniera del departamento técnico.

Cuando un cliente llega al Punto Limpio, lo primero que hace es dirigirse a la oficina, para identificarse y, en caso de que no cuente con una ficha, se le da de alta. El encargado de la recepción, Miguel Pantín, explica que la mayoría de los usuarios son habituales, por lo que el proceso es rápido.

Es el caso de Eva y Antonio, que acudieron en la mañana de ayer. «Vamos acumulando los residuos y los solemos traer una vez al trimestre», comentaban, mientras depositaban aerosoles o pilas, entre otras cosas. En ocasiones anteriores también llevaron ordenadores o impresoras, dos de los productos que más abundan. «La llegada de las pantallas planas se notó mucho, porque nos empezaron a traer todas las de tubo, aún ahora», detalla Noelia.

Entre los residuos que no han podido recoger alguna vez están «algunos ácidos o fibrocemento, que no lo permitimos», detalla. De lo demás hay de todo: pilas (sobre todo después del día de Reyes), tóneres, barras fluorescentes, baterías de automóvil, restos de pintura y hasta una caja para las radiografías.

Dentro de los categorizados como peligrosos, los que más se recogieron en 2016 en el punto limpio fueron los aparatos eléctricos y electrónicos (17.759,44 kilos).

Al almacén exterior llevó ayer una puerta de aluminio y cristal José Ulloa, que está realizando una obra particular. «Traje escombros este mes y el anterior», apuntaba. Estos residuos son llevados posteriormente a la planta de reciclaje, al igual que el metal, la madera, el plástico, el cartón y los restos de podas, para ser reutilizados tanto en el ámbito privado como en el público.

Uno de los proyectos a los que fueron destinados fue el de los interceptores de la ría. El Punto Limpio también da servicio a Neda, cuyos vecinos depositaron 6.034,40 kilos en 2016.

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Un lugar donde dejar aceite, escombros y hasta radiografías