«El voluntariado universitario en Ferrol está estancado»

La responsable de la Oficina de Cooperación y Voluntariado del campus cree que el Plan Bolonia ha hecho «un flaco favor» a la participación de los estudiantes en proyectos solidarios

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FERROL / LA VOZ

La Oficina de Cooperación y Voluntariado del campus de Ferrol dispone este curso de un pequeño ejército de voluntarios dispuestos a arañar dos horas semanales de su tiempo de ocio para dar clases gratis a niños en riesgo de exclusión social, acompañar a discapacitados físicos o echar una mano en los talleres ocupacionales que organizan entidades como la Asociación de Familiares y Amigos de los Enfermos Psíquicos Porta Nova. ¿Son pocos o suficientes? ¿Haría falta reclutar a más jóvenes para ese ejército? «Teniendo en cuenta que en Ferrol estudian cerca de 2.500 universitarios, veinte voluntarios son pocos», admite Vanessa Míguez, técnica de la Oficina de Cooperación y Voluntariado (OCV) del campus.

-¿Por qué ha descendido el número de jóvenes dispuestos a colaborar?

-No es que haya descendido, pero sí es cierto que el voluntariado universitario en Ferrol está estancando. Este curso hemos tenido nuevas incorporaciones, pero llegan a cuentagotas. Y, además, hay que tener en cuenta que parte de los voluntarios de nuestra oficina no son universitarios, sino que es gente de fuera que quiere colaborar. ¿A qué se debe este estancamiento? Yo lo achaco en gran parte al Plan Bolonia, porque con este nuevo sistema los estudiantes tienen más trabajo autónomo fuera del aula, les mandan hacer más trabajos y eso les quita mucho tiempo para poder colaborar o al menos eso es lo que nos dicen los chicos. En mi opinión, el Plan Bolonia ha hecho un flaco favor a la participación universitaria.

-¿Entonces es que quieren ayudar pero no pueden?

-Bueno, eso es lo que yo opino, aunque a lo mejor se trata de una percepción subjetiva. Es posible que influyan otros factores y que haya también una cierta falta de interés y compromiso. En cualquier caso, en este tema no me gusta generalizar, porque luego te encuentras con gente joven muy comprometida y con muchas ganas de colaborar.

-¿Les faltan tal vez incentivos?

-Los cursos de voluntariado se pueden convalidar por créditos académicos y, aunque ese no debería ser el incentivo, al menos sí es una forma de poner en valor la formación en este campo y animar a los jóvenes a ser más participativos. Para mí, el incentivo real es la posibilidad de tener un mejor conocimiento de la realidad. A los jóvenes que vienen a la oficina yo siempre les digo que no podemos vivir en una burbuja. Tenemos que ser conscientes del mundo en el que vivimos y conocer el origen de las desigualdades, pero no solo de aquellas que se dan en lugares que nos quedan lejos, sino también las que existen en países desarrollados como el nuestro. Todos podemos aportar algo. Solo hay que buscar cómo hacerlo.

-¿Qué requisitos hay que cumplir para ser voluntario de la oficina del campus?

-No es necesario ser universitario, cualquier persona puede colaborar, pero todos deben asistir a un curso específico de voluntariado. Ahora mismo ya tenemos uno previsto para el 11 y 12 de noviembre. Además, quienes quieran colaborar deben adquirir el compromiso de dedicar al menos dos horas semanales a las labores de voluntariado.

-¿Qué proyectos desarrollan en la actualidad?

-Colaboramos con la Asociación de Familiares y Amigos de los Enfermos Psíquicos (Afaes), la Asociación de Trasplantados de Médula Ósea (Asotrame), la Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón (Alcer) y Acción Familiar, así como con el Centro de Atención a Minusválidos Físicos (CAMF). Además, tenemos dos proyectos propios. Por un lado está el Aula de Apoyo Escolar a Menores, en la que voluntarios de nuestra oficina dan clases a niños en situación de especial vulnerabilidad. Y por otra parte está el Aula Cultural de Teixeiro, que organiza todo tipo de actividades para los reclusos.

-¿A través de la oficina también se puede colaborar con proyectos en el extranjero?

-Sí. En el 2006 empezamos a trabajar en los denominados Proyectos de Conocimiento de la Realidad (PCR), gracias a los cuales los estudiantes, en colaboración con una oenegé, pueden desarrollar sus proyectos fin de grado en países en vías de desarrollo realizando una estancia de uno a tres meses. En Ferrol, uno de los últimos estudiantes que participó en este programa fue un alumno de Arquitectura Naval que estuvo en El Salvador.

EN CORTO

La oficina. Los interesados en colaborar con la OCV pueden informarse en su sede, ubicada en el Centro Cultural Universitario del campus de Esteiro.

Más mujeres. El voluntariado universitario de la UDC está feminizado. Hay un 70% de mujeres, frente a un 30% de hombres.

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