¿Eres un negado para los idiomas?

Hay esperanza. Lo aseguran profesores como la americana Anita Demitroff, que en su aulas de Ferrol organiza sesiones que maridan diversión gracias profesores preparados y sobre todo muy motivados. «La letra con alegría entra, da igual si el que la enseña es nativo o no», alerta.

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No hay personas negadas para los idiomas, simplemente no han encontrado el camino para tirarse en la piscina en la que se aprende de verdad otra lengua. Esta es, al menos, la teoría de los profesores más innovadores. Ellos aseguran que la clave es hacer cosas divertidas y olvidarnos de en qué idioma nos estamos comunicando, aunque no se puede relegar estas sesiones a una o dos horas por semana. El ansia de saber debe estar presente en nuestro día a día: «Hay que exponerse al idioma extranjero de forma constante; trabajar el vocabulario permanentemente y ejercitar las cuatro habilidades del idioma sin descuidar ninguna», recomienda José Cartelle, profesor de la Escuela de Idiomas de Ferrol.

No es raro que este docente llegue a clase con una mochila repleta de artilugios de cocina para enseñar a hablar de gastronomía en inglés y tampoco se corta a la hora de introducir canciones, películas o ideas nuevas en las aulas. Es más, recomienda crear, por ejemplo, grupos de wasaps para practicar inglés con amigos, utilizar recursos online, como las webs de idiomas o de canciones en las que hay que completar las letras mientras se escuchan, quedar con los meetup, personas que se citan para hablar en inglés y contactan a través de Facebook o jugar videos online con gente de otros países. «Es algo que te permite chatear y hablar con ellos, a la vez que te divierte», precisa.

Buena parte de estas alternativas divertidas son, además, gratis y solo requieren un poco de dedicación al día. El objetivo es hacer siempre cosas divertidas y se puede empezar, por ejemplo, por volver a ver una serie que nos enganchó y de la que recordamos los diálogos. En unos minutos nos olvidaremos que la estamos viendo en un idioma ajeno al nuestro. «Los niños aprenden, aunque no sepan leer, porque ellos no tienen vergüenza o miedo, nosotros les damos sesiones repletas de juegos desde que tienen un año», cuenta Juanjo Amarelo de la academia ferrolana Kid´s & us, donde ponen en práctica un método de inmersión total en el que incluso hay una agenda de ocio para los matriculados o los interesados en ganar competencias lingüísticas.

Anita Demitroff es una profesora americana con formación inglesa y que lleva treinta años enseñando inglés, francés y chino. Ella lo tiene claro, no le importa demasiado que los profesores sean nativos, solo pide que estén preparados y muy implicados: «No quiero sillones parlantes; la letra no entra con sangre, la letra entra con alegría y por eso nosotros organizamos clases de ciencias o de música para niños y mayores o campamentos o todo lo que se nos vaya ocurriendo».

La novedad y la creación de actividades diferentes es el verdadero objetivo de todas las propuestas lectivas que tienen un denominador común: acercar el vocabulario de una forma sencilla y práctica a los alumnos, no importa la edad que tengan. Eso sí, necesitan de la complicidad de sus pupilos para seguir trabajando en casa con trucos como el método posit: «Se trata de poner papeles amarillos en sitios de la casa para verlos continuamente y que se van cambiando o según se van aprendiendo. El mero hecho de elegirlas hará que terminen fijándose en nuestra memoria para siempre, se puede empezar por nombres y seguir con el resto».

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