Ferrol

El olor a incienso parte desde la alameda do Carbón, se desplaza por la Praza Vella y sube por la calle San Francisco hasta el atrio de su iglesia. Es Ferrol viajando a su pasado medieval. Al seguir con este recorrido se abre paso a una feria cargada de gastronomía, juegos para niños y, sobre todo, artesanía. «!Viva Ferrol! !Longa vida aos seus poetas: aos que fan barcos e aos que cantan poemas!», concluía el viernes el escritor Xavier Alcalá dando paso a los tres días de fiesta.

En la Eira dos nenos todo está listo para que comience la diversión. Los juegos tradicionales se convierten en la atracción más demandada por los pequeños, que no dudan en pasar allí las horas. «Ya nos han pintado varias veces la cara con distintos dibujos», cuentan Xiana y Leire, dos hermanas que vienen desde Cataluña y que se dejaban ayer dibujar por Nuria, la encargada del rincón pintacaras. A escasos metros, en la Praza Vella, Biabing y Alberto pasean parándose en los puestos de artesanía. Ambos llegan desde Pekín y, especialmente para ella, la feria está resultando ser «todo un descubrimiento». Al caminar pasa a ser común escuchar palabras en otras lenguas, por la cantidad de turistas que se han acercado estos días a la feria.

Pero, si hay algo que ha acaparado todo el protagonismo es la artesanía, base de cada uno de los puestos que cubren las calles. Entre los más comunes, la bisutería, los tatuajes o instrumentos de madera. También la gastronomía. Al empezar a subir por la calle San Francisco uno puede comprar desde una gran variedad de especies a granel hasta quesos con distintas tesituras. Eric León, que lleva recorridas más de cien ferias en quince años, se encuentra a cargo de uno de los tenderetes de queso. Suizos, italianos, holandeses y franceses. Quesos de diversas nacionalidades, «uno para cada paladar y cada momento». Hechos de forma muy cuidada y con especial atención al proceso, para que siga lo estrictamente artesanal. Desde la propia alimentación del animal del que procede la leche, su cuidado, o el grado de maduración y el modo en el que se realiza. Ya en la alameda do Carbón, la alfarería Aparicio -de Buño, Malpica- ofrece a los transeúntes una exhibición que tiene a sus cuestas años de tradición familiar. Gonzalo Añón es el legado más joven de un negocio que ya procede de sus tatarabuelos. Es el primer año que acuden como invitados a la feria de la ciudad y con el torno de pie crean ante la gente piezas de cerámica en tan solo 15 minutos.

Ya al final del recorrido, en el atrio de la iglesia de San Francisco, los más pequeños vuelven a encontrarse un rincón para vivir el medievo. En el Campamento de los Gastrafetes se celebran a lo largo del día luchas de espada, exhibiciones y hasta una batalla de ballestas totalmente apta para niños. El tiro con arco es otro de los reclamos del campamento, que este año hace su primera parada en la feria medieval.

Y, al igual que el olor a incienso, la música también recorre de arriba a abajo las calles en una cita que hoy llega a su fin. La jornada continuará entre combates, magia y para dar cierre, a las 22.30 horas, un desfile de caballeros, escuderos y soldados protagonizarán la despedida de este viaje al pasado.

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Un viaje al pasado del Ferrol más artesano