Ferrol

¿Cuál es el secreto para que un restaurante logre mantenerse abierto durante décadas y décadas en manos siempre de la misma familia? La pregunta no parece fácil de contestar, pero Niceto Niebla García asegura que tiene la respuesta: «Esto solo se mantiene si te gusta la hostelería y a base de trabajo y más trabajo», dice el responsable de La Frontera . El refugio culinario que comanda el hostelero en la línea que separa las parroquias de A Cabana y Serantes -de ahí su nombre- acaba de cumplir la friolera de 40 años. Pero no es el único restaurante de Ferrol que se puede colgar esa medalla. A Gabeira, tras haber alcanzado ya los 93, puede presumir de ser el más longevo de la ciudad; La Torilla lleva dando gusto al paladar de los ferrolanos 60 años; y O Parrulo sopla en este 2016 las velas de su 58 aniversario.

Probablemente en esta página no están todos los que son, pero sí son todos los que están. A Gabeira, campeón en veteranía, ha funcionado bajo la misma batuta familiar durante cuatro generaciones. Su actual responsable, Miguel Ángel Campos -uno de los chefs más reconocidos de la cocina gallega actual-, recuerda que el restaurante echó a andar en 1923 de la mano de su bisabuela Jesusa. Después lo comandó la hija de esta, Josefina, y de ella tomó el testigo su nuera, Hortensia, la madre de Miguel, que se jubiló de los fogones hace solo dos años.

«Casi todas las empresas familiares desaparecen en la tercera generación; tal vez la nuestra logró mantenerse porque fue mi madre, alguien que no pertenecía a la familia, quien tomó las riendas del restaurante cuando mi abuela lo dejó. Además, ella siempre ha estado al pie del cañón», dice Miguel con orgullo de hijo. A Gabeira de hoy en día apenas se parece a aquel negocio que abrió sus puertas en los años 20: de mesón de comida tradicional -con los callos, la carne asada, la tortilla y el marisco como estandarte- ha pasado a restaurante de alto copete, con recetas exquisitas y sofisticadas y una clientela con nombres de relumbrón de los que Campos no suelta prenda por discreción. Sin embargo, el cocinero cree que hay algo que nunca ha cambiado en su restaurante: «En A Gabeira siempre hemos cocinado para los ferrolanos, porque Ferrol es nuestra ciudad, la que nos da de comer y a la que nos debemos».

Tienda de ultramarinos

Al igual que A Gabeira y O Parrulo, La Torilla, en la parroquia de Serantes, tiene su origen en una pequeña tienda de ultramarinos que también servía comidas. El restaurante abrió sus puertas en 1956: en sus inicios se introdujo tímidamente en el sector, pero con el tiempo fue aumentando su oferta de servicios organizado bodas y banquetes hasta convertirse en uno de los restaurantes más emblemáticos de la comarca. «La idea salió de mis padres, porque por aquel entonces muchas de las bodas se celebraban en las propias casas y los vecinos les propusieron habilitar nuestro patio para las celebraciones. Desde el inicio comprobaron que la gente quería venir a La Torilla y conforme fueron pasando los años fue evolucionando hasta convertirse en lo que es hoy en día» apunta Manuel Alonso, hijo de los fundadores, quien hace poco tiempo pasó el testigo a sus hijos Francisco y Montse.

A pocos metros de allí, en la carretera de Catabois, Julio Martínez Martínez se ocupa de mantener vivo el legado de sus padres. Julio Martínez Vidal, O Parrulo, y su mujer, Celestina Martínez, la Parrula -como le llama su marido cariñosamente- comenzaron a construir la aventura de su vida en el año 58 con una pequeña tienda de ultramarinos en la que, según recuerda él, también se daba de «papar». Poco después, en el 62, abrieron el restaurante O Parrulo, que con el tiempo se convirtió en toda una institución gracias a la buena mano de los dos en los fogones. «Eu non son cociñeiro de academia, aprendín á miña maneira, pero penso que os meus pratos gustábanlle á xente», dice orgulloso O Parrulo, que a sus 87 años sigue como un roble, al igual que su mujer. Los dos ya están retirados, pero raro es el día que no se pasan por el restaurante. «Mi madre sigue de jefa en la sombra; no trabaja, pero quiere controlarlo todo», dice entre risas su hijo Julio. Él, que ahora se encarga de «mantener la ola» que generaron sus padres, asegura que las señas de identidad del templo gastronómico que dirige en Catabois siguen siendo las mismas que cuando abrió: «materia prima de primera calidad y un servicio exquisito». Con esos ingredientes, Julito, el hijo del Parrulo y la Parrula, confía en mantener vivo el restaurante durante muchos años más. Pero no lo asegura al cien por cien. «Mis hijos me dicen que no quieren que esto muera, pero... ¿quién sabe?».

Esta historia de hosteleros todoterreno llega a su fin. Y, para decir adiós, termina como empezó. Con Niceto Niebla García, comandante en jefe de La Frontera junto a su hermano Alfredo y su hijo Alberto. El restaurante acaba de cumplir 40 años y, lejos de tener ganas de jubilarse, Niceto se siente afortunado de poder seguir al pie del cañón: «Dicen que la hostelería es dura, pero a mí me encanta este negocio», comenta sonriente.

Sus padres, Niceto y Felisa, abrieron La Frontera en 1976 -«justo el día que el Racing jugaba contra el Real Madrid»- y, gracias a la maestría de su madre con el cabrito asado, la clientela no tardó en crecer. Después llegó la ampliación y el bum de los banquetes. «Había fines de semana en que aquí llegaban a juntarse mil personas, quinientas el sábado y otras quinientas el domingo», rememora Niceto. También recuerda que los afiliados del Partido Comunista formaban parte de su clientela habitual, a la que, en ocasiones, se sumaban algunos famosos: Gabi y Miliki, Rafael Alberti, el Circo de los Muchachos... «Ahora ya no se hacen banquetes como los de antes, pero tras la barra seguimos igual de bien: yo espero seguir aquí toda mi vida».

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Toda una vida entre fogones y cucharones