«Ya vienen al colegio los nietos de los primeros alumnos a los que di clase»

Antonio López deja la dirección del centro de A Solaina tras veinticuatro años


Narón

El primer colegio en el que dio clase fue el de Finisterre, tras una breve estancia de meses en el de Monfero. De ahí pasó al centro A Laxe en Valón (de Ferrol); luego al Juan de Lángara, también en la urbe naval; estuvo un año en el colegio de As Somozas: y la etapa más larga la ha pasado en el colegio naronés de A Solaina. En este último centro lleva 24 años como director (a lo largo de su carrera ha ejercido como director 34). Ahora deja la dirección a dos años vista de poder jubilarse. «Entra una persona joven, Nel Comba, que va a aportar un aire nuevo muy importante, y ¡por primera vez me voy a ir de vacaciones el 20 de junio!», bromea Antonio López Anca (Ferrol, 1958). Después de más de dos decenios en el colegio naronés y otro más con otras experiencias por la comarca resalta que por sus aulas ya van al colegio «nietos de los primeros alumnos a los que di clase».

Asegura que lo suyo en la educación es «vocación total». «Estudié cuatro años de francés que fue casi mi lengua materna al vivir en el cantón suizo de Ginebra», recuerda. Pero tenía claro que quería dedicarse a la educación. «En el 77 me matriculé en la escuela de magisterio de A Coruña y en el 92 hice la licenciatura de pedagogía». Achaca a su época en el colegio de Valón con Xosé Lastra. «Provocó en mí ese sentimiento y el gusanillo de querer ser director», agradece. De hecho, se acabó especializando en dirección y orientación.

Recuerda que tener un alumno con distrofia muscular de Duchenne marcó un punto de inflexión en su carrera. «Desde el centro nos volcamos con él. Entonces estaba Xoán Gato de alcalde y nos puso un ascensor. Entonces vinieron más niños de la comarca con diferentes síndromes», recuerda. Destaca esta apuesta junto con otros dos proyectos, llevar catorce años con la campaña de meriendas saludables y la educación vial. «Empezó aquí en A Solaina con Encarna del Río y Simón Cabarcos, luego el Ayuntamiento ya apostó por la educación vial, se extendió por todos los colegios y ahora somos famosos a nivel nacional», resalta.

En el lado opuesto de la balanza sitúa las leyes educativas. «El mayor problema que veo de cara al futuro son los continuos cambios en las leyes de educación. De una vez por todas los políticos se tienen que poner a trabajar, llegar a un acuerdo y que se haga una ley consensuada y duradera con una ley de financiación», reclama.

Los peores momentos los vivió a mediados de los años noventa, cuando el centro registró un importante bajón de alumnos que les obligó a «tener que tomar conciencia». «Cuando yo llegué el colegio tenía unos 700 niños, pero con el bajón nos dimos cuenta que había que ofrecer cosas más atractivas a los padres», explica. De ahí nacieron los grandes proyectos con los que «el centro empezó a repuntar y a coger prestigio», destaca.

Todo este trabajo no habría sido posible sin el apoyo y la involucración del claustro de profesores y la comunidad educativa. «Me despido muy agradecido con la comunidad educativa; las Anpas; el profesorado; los equipos directivos con los que he trabajado; y con el Concello de Narón, sin ellos no sería posible muchos proyectos, el aporte cultural que dan como el certamen intercentros o As Letras Galegas, la educación viaria... El trato con los alcaldes y los concejales de educación, con una mención especial a Manuela Pérez Sequeiros, -de la que resalta su ímpetu para conseguir el pabellón escolar- ha sido inmejorable», agradece emocionado.

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