Ese Ferrol que mira hacia arriba


Ferrol

Ferrol, como cualquier ciudad, tiene sus estados de ánimo. Aquí, quizás, haya más ciclotimias, de esas que acompañan las etapas económicas por las que ha ido pasando la urbe. ¿Si no hablas mal de Ferrol no eres de Ferrol? Un cliché que no responde a la realidad. Y que está más vinculado a la crisis y a las largas vacas flacas que a cualquier otra cosa. En Ferrol, de lo que se trata, es de mirar hacia arriba. Hay quien lo hace y hay quien no. El que mira hacia abajo se encontrará grietas y baches y ponzoñas políticas. El que eleva los ojos puede toparse con las galerías de A Magdalena, la magia del modernismo, las vistas desde Herrera, la gastronomía, el arte... Un paseo calmado por el centro da para mucho. Carteles que cuentan lo que fue, es y será Ferrol. Historia viva. Que sigue haciéndose a diario. ¿Ruinas? Hailas, sí. Sobre todo en el muelle. Pero también mucho que potenciar. Y apreciar. Ferrol afronta un cambio de ciclo. Y tiene buena pinta ¿Se volverá a la bonanza de los setenta? No. Pero hay que subirse a la ola para exprimirla al máximo. En la calle, estos días, se respira algo más de alegría. Playas, terrazas, sol... Todo ayuda. También esos cuatro meses de caída del paro. Los pies en la tierra. Claro. Pero no para hundirse. Sino para mirar al futuro. Que Ferrol lo tiene. Aunque haya a quien eso le importe poco y se encierre en la liorta. Pero es el Ferrol que mira hacia arriba el que importa. Solo ese. El que mola.

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