Lo primero


isculpen que hoy no esté muy centrado en los asuntos que atañen o acongojan, incluso tal vez espantan a la sociedad ferrolana. No es exactamente que me traigan al pairo o que los aborde al desgaire, ni siquiera que me importen un pito, no es eso. Este momentáneo alejamiento de la realidad cotidiana -momentáneo por ahora, pero no estoy en condiciones de afirmar si se cronificará o devendrá permanente- no obedece más que al puntual seguimiento, y vehemente seguidismo, con el que suelo atender las indicaciones del Gobierno de España que felizmente preside, poco importa ahora si en funciones o funcionando, Mariano Rajoy. De modo que en estos instantes, ahora mismo sin ir más lejos, no doy abasto, pues en ello centro toda mi precaria atención, en lo que está ocurriendo ora a algo más de 6.600 kilómetros de distancia al oeste mar por medio, ora a 3.900 kilómetros al este. Bien sean las tribulaciones de Enrique Capriles, los desmanes del malo malísimo Maduro (porque mira que es malo el tío), bien sean las apreturas de Tsipras y las seráficas y balsámicas recomendaciones que recibe de Christine Lagarde, me tienen absorto.

Recuerdo vagamente que en Ferrol, como en Galicia y España el empleo no es precisamente copioso e incluso el que hay es precario, o que la deuda sobrepasa la riqueza que se produce en el Estado en todo un año, que hay exclusión social, en fin. Pero, discúlpenme de nuevo que creo que los partidarios de Leopoldo López van a hacer unas declaraciones, y no se descarta que las remache Rivera, que tiene su partido como una malva, o el propio Moratinos. Lo primero es lo primero. Luego, ya eso: estaré con ustedes. A ver si otro domingo.

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