En el «backstage» del crucero «Balmoral»

Empresas locales retiran residuos de los barcos, «que son como los que genera una pequeña ciudad»


FERROL

Pasan las ocho de la mañana cuando el crucero Balmoral atraca en Curuxeiras. Los pasajeros, en torno a 1.200, en mangas de camisa y pantalones cortos -procedían de Madeira- abandonan el buque. Unos se suben a autobuses con destino a Santiago, A Coruña o Betanzos, otros realizan una ruta por el Arsenal y los que van por libre, se adentran en la ciudad. Mientras tanto, el Balmoral aprovecha esas horas contadas en puerto para su puesta a punto, mediante el vaciado de los residuos que genera un barco de estas dimensiones, similar al que origina una pequeña ciudad.

En el backstage del crucero trabajan dos empresas locales, que son las que se encargan de retirar los desperdicios que trae el buque acumulados en bodegas. Marpol Ferrol y Rilo garantizan este servicio, no solo a los buques de pasaje, sino a todos los barcos que llegan al muelle local.

Este servicio se presta en todos los puertos en cumplimiento del Convenio internacional para prevenir la contaminación por los buques (Marpol), que fue adoptado en 1973.

Hay varios tipos de residuos que se retiran con los medios de estas dos empresas. Rilo se encarga de los sólidos, que fundamentalmente son restos de comida y residuos domésticos, como plásticos, papel, etcétera, explican Celia López, responsable de gestión administrativa de Marpol Ferrol, y Lupe López, encargada de medio ambiente de Rilo. A mayores, el crucero puede informar, en una declaración de residuos, si tiene otro tipo de material a entregar, como por ejemplo medicamentos caducados.

Los residuos líquidos son retirados por camiones cisterna de Marpol. Por un lado, se encuentran las aguas sucias y por el otro, aguas y fangos de sentinas, derivadas del propio funcionamiento del buque.

Estas tareas llevan en torno a unas cuatro horas de duración. El capitán del crucero es el que decide en qué momento se lleva a cabo la retirada de residuos aunque influyen factores como por ejemplo la marea. «En el crucero que vino la pasada semana, la marea estaba muy baja y tuvimos que utilizar un camión grúa para poder trabajar» explican los operarios. Ayer, los trabajos empezaron a las once y media de la mañana.

Aunque el volumen final varía en función de las dimensiones del crucero y del tiempo que lleve sin vaciar, Celia López y Lupe López señalan que lo habitual es recoger 30 metros cúbicos de sólidos y unos 30/40 metros cúbicos de líquidos, que más o menos equivale a lo generado durante una semana de actividad del crucero.

Normalmente, los desperdicios sólidos llegan apilados en bolsas de basura. No en todos los buques de pasaje se separa, «en algunos sí, sobre todo los que pertenecen a navieras de países que medioambientalmente están muy avanzados»; en esos casos sí es posible la revalorización de esos residuos. «Si juntas cartón con un residuo orgánico ya es todo basura, si viene el cartón separado se puede revalorizar», comenta Lupe López. Todos los residuos son llevados luego en contenedores y camiones cisterna a los gestores finales, que son los que se encargan de su desaparición.

Limpio por dentro y por fuera -miembros de la tripulación limpiaban ayer los exteriores- , el Balmoral recibe a primera hora de la tarde de nuevo a los cruceristas y pone rumbo a su próximo destino, al sur de Inglaterra.

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