Las ruinas, una prioridad


A una se le ponen los pelos de punta de pensar que un día le pueda llegar a casa una factura del Ayuntamiento con la friolera de 43.000 euros, y que deba de asumirla una solita aunque el piso ya sea del banco. La crisis inmobiliaria unida a un parque de viviendas viejo y deteriorado convierten las operaciones de compra-venta de inmuebles en la urbe en una auténtica acción de riesgo. Si no que le pregunten a la vecina de Canido, que tiene embargado el sueldo por el coste que le pide el Ayuntamiento derivado del derribo de la casa, cuando hay dos propietarios más. Al parecer, y siempre según la versión de la afectada, los otros dos dueños no se incluyeron en la documentación porque «no cabían en la casilla». Es de esperar que este no sea el procedimiento habitual en el Ayuntamiento ni para este ni para ningún proceso similar, porque teniendo en cuenta el volumen de viviendas de Ferrol que podrían ser declaradas en ruinas y posteriormente derribadas, que es sin duda muy amplio, nos podríamos encontrar con miles de casos similares a este.

Imagínense que compran un piso en un edificio antiguo del centro, lo rehabilitan, y meses después es declarado en ruina y derruído por el Ayuntamiento. No solo se quedarían sin vivienda si no que tendrían que hacer un amplio desembolso económico, si tienen la mala suerte de que el nombre del resto de propietarios no caben en la casilla.

Las ruinas del parque de viviendas de Ferrol debería, y solo es un humilde consejo, subir posiciones en el ránking de prioridades del gobierno local. Ferrol Vello es sin duda una de las zonas más afectadas, pero también hay casos sangrantes en Canido y en A Magdalena. El Concello ha tenido que cerrar hace unos meses con vallas parcialmente tres calles del corazón de Ferrol Vello ante el inminente riesgo de desplome en ocho inmuebles de su zona cero, la intersección de las vías Carmen Curuxeiras y Benito Vicetto.

Los vecinos están hartos, y con razón, hastiados de convivir entre el peligro de los cascotes. Algunos asumen que no volverán a ver el esplendor de un barrio que durante décadas vivía, pujante, gracias al puerto y la Marina. Lo mismo pasa en A Magdalena, donde los expedientes de ruinas también son más que habituales.

Las soluciones en estos casos son lentas y tediosas. La mejor opción pasa, en el caso de Ferrol Vello, por una tabla de salvación en forma de plan especial. Acaba de entrar en vigor, y además de simplificar los trámites administrativos, aportará seguridad jurídica a quienes quieran construir o rehabilitar. Recuperar Ferrol Vello costará 19,2 millones de euros y llevará unos doce años. Un camino lento, toca esperar.

Por Antía Urgorri crÓNICA

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