¿Ahora Recimil ya no interesa?


Ferrol

Fueron muchas las voces que se alzaron en contra del proyecto propuesto por Juan Fernández y Francisco Pita-Romero -en el mandato de pacto entre IF y el PP de Juan Juncal- para tirar el barrio de Recimil y construir otro nuevo. Se apeló a todo. A los intereses de los vecinos, a su valor patrimonial... Y, finalmente, la pala y la piqueta ni se asomaron por las casas baratas. Claro que a nadie se le escapa que la crisis del ladrillo también tuvo su incidencia. Que lo que suele mandar es el mercado. Más que otra cosa.

Pero, ahora, el barrio de Recimil está ahí. Tal cual. Con algún que otro repintado en la época de Vicente Irisarri en la alcaldía. Y poco más. Se salvó el continente. Los edificios. La estructura. La memoria colectiva. Pero no ha sucedido lo mismo con el contenido. La gente. Todas las personas que viven en este emblemático punto de la ciudad.

¿Quién es el propietario de Recimil? El Ayuntamiento. ¿Quién ha de poner coto a su deterioro estructural? El Ayuntamiento. ¿Quién ha de ponerse manos a la obra de manera inmediata para evitar que haya un mayor deterioro social en la zona? El Ayuntamiento. ¿Qué se ha hecho? Entre muy poca cosa y nada. Como siempre, políticas de gestos y censos. Uno tras otro. ¿Será tan difícil saber cuánta gente vive en las casas baratas? ¿Será tan difícil conocer quiénes tienen una situación regularizada y quiénes no? ¿Será tan difícil facilitar la convivencia en ese barrio? Recordaba esta misma semana en la tertulia de Radio Voz el presidente de la asociación vecinal de las casas baratas, Jesús Caselas, la importancia de que, entre peatonalización y peatonalización, entre soterramiento de cableado y soterramiento de cableado, no vayan los caseros de Recimil a olvidarse de que existe. Es justo decir que los últimos gobiernos municipales no acertaron con este asunto. Algunos lo intentaron más. Otros menos. Pero ninguno dio con la tecla. ¿Será ahora la ocasión? ¿O se va a seguir parcheando el problema?

Los habitantes de las casas baratas de Ferrol no tienen motivo alguno para soportar el estigma de barrio conflictivo, de punto de trapicheo habitual. No sería justo que eso sucediese. Porque Recimil es muchísimo más que eso. Y, sobre todo, porque en Recimil viven personas con derecho a la tranquilidad y la seguridad. A salvo pues todos esos edificios que tanto valor patrimonial -según algunos- poseen, que se pongan los que tienen la obligación de hacerlo a regenerar su tejido social. A cuidarlo. A darle alternativas. A atender sus demandas. Y no solo pasearse por el mercadillo cuando hay elecciones. ¿O ahora Recimil ya no interesa?

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