Una crispación comprensible


Ferrol

Hay en la calle una crispación política comprensible, donde se mezcla lo local con lo autonómico y lo nacional. No es de extrañar, porque todo son vasos comunicantes. Las mismas siglas en diferentes escenarios y, en muchos casos, lanzando mensajes contradictorios en cada uno de ellos. Según convenga.

Hace escasas fechas, en un mesón de la zona, seis personas se reunían en torno a una mesa para tomarse unas tapas. En apenas quince minutos -no escucharlos era imposible- se enzarzaron. Comenzó la cosa con la presidencia del Ejecutivo central y acabó por las actuaciones del gobierno de Ferrol. No se llegó a los gritos, pero faltó poco. Se zanjó todo, para volver a las croquetas, con el ya conocido: «Mira, son todos iguales». Desde la otra punta de la mesa una de las comensales concluyó: «A mí en el fondo me da igual, porque no me van arreglar nada gobierne quien gobierne».

Seguro que una escena de estas características la habrá vivido usted en más de una ocasión. Y es que el vecino percibe el ejercicio de la política como un problema, no como una solución. Y la ya añeja y gran plaga de corrupción que vivimos no ayuda a mejorar la situación. ¿En qué punto estamos? En ese en el que ya se da por bueno lo de que «este, por lo menos, no roba». Aunque su acción política valga para poca cosa.

Y Ferrol no es para nada ajeno a esa crispación política comprensible. Si echamos la vista atrás a los gobiernos municipales más recientes siempre existió la trifulca interna. Con Xaime Bello y Amable Dopico; con Juan Juncal y Juan Fernández; con Vicente Irisarri y Yolanda Díaz; ahora con Jorge Suárez y Beatriz Sestayo. ¿Echan de menos en esa lista a Rey Varela? Pues no está por el simple hecho de que gobernó con mayoría absoluta, lo cual le facilitó la navegación.

Pero si con algo tiene que convivir esta ciudad, sí o sí, es con la necesidad de habitar en Armas a golpe de pactos. Y la lástima es que no se ha aprendido de la larga experiencia acumulada. Da la sensación de que los personalismos ganan la partida a la acción. Que las liortas intestinas impiden que avancen cosas que son necesarias. Que la unanimidad es algo impensable para lo cotidiano. Para el día a día. ¿Cómo va Ferrol a tener peso político de este modo? ¿Cómo se le van a dar soluciones a los ciudadanos cuando la preocupación es evitar las puñaladas -políticas- por la espalda? ¿Cómo afrontar las necesidades cuando la vista está con un ojo en Madrid y otro en las autonómicas? Ser político es servir a los vecinos. Y no al revés. Es una lástima que haya quien piensa lo contrario. Y lo aplica. ¿Cómo no va a haber crispación?

Por Andrés Vellón crÓNICA

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