Defensa, las ruinas y el portaviones


Ferrol

El gobierno local enfila una nueva negociación -sí, otra más- con el ministerio para tratar el denominado convenio de Defensa. A saber, la cesión a la ciudad de toda una serie de inmuebles y fincas para que se les pueda quitar provecho. A Madrid se han ido el alcalde, Jorge Suárez, y la edila de Urbanismo, María Fernández Lemos, para abordar el asunto con una mesa de técnicos. ¿Tendremos hoy frutos concretos? No. Para nada. Este nuevo cambio en el documento, si es que se produce, va para largo.

Es el recinto del viejo cuartel Sánchez Aguilera -la gran joya de ese convenio- a lo que más vueltas se le va dando. Cocinando sus futuros usos a fuego lento. Poniendo y quitando. Lo que podrá ser. Porque hoy es una ruina que hace las veces de aparcamiento improvisado -y menos mal- y no tiene traza alguna de convertirse en algo importante para Ferrol en el corto o el medio plazo.

Así son las cosas por aquí. Cuesta cerrar acuerdos. Y mucho más ejecutarlos. Y si se pacta algo, el gobierno entrante tendrá siempre una vuelta de tuerca que dar, para poner el sello propio. Lo lamentable es que, a estas alturas, el convenio con Defensa continúe siendo solo una quimera sobre el papel. Debería haber echado a andar hace ya muchísimo tiempo. Pero no ha sido así. Estancado, desde luego, no va a dar ningún beneficio a Ferrol.

Y quizá debiera haberse desplazado a Madrid también con la delegación municipal uno de los dos ediles del BNG. Porque, al final, si el gobierno se quiere apoyar en ellos para sacar eso -y otras muchas cosas- adelante van a tener que tragar con sus planteamientos para ese convenio. Una cuestión numérica, de suma de votos, que conviene no olvidar. Por si las moscas.

De Defensa depende también la conversión en chatarra del portaviones «Príncipe de Asturias». Un proceso que ya no hay quien frene. Cierto que nunca se intentó de veras, esa es la realidad. El gesto de la Marina de salvar el palo de señales del que fue buque insignia de la Armada española hay que valorarlo como lo que es, un gesto. ¿Es compleja la conversión de un navío de esas características en museo flotante? Más que complejo, caro. ¿Valdría la pena? Experiencias en otros países dicen que sí. Aquí nos quedaremos sin saberlo. No vaya a ser que acertemos.

Pero el fin de semana ha estado marcado, otra vez, por la crónica negra. El mar se llevó al joven Sergio Díaz en Lobadiz. Una tragedia sobre la que huelga cualquier comentario. Solo lamentar lo sucedido y volver reiterar la necesidad de tenerle ya no respeto al mar. Hay que tenerle miedo. No caigamos en el error de creer que lo podemos domar. No es verdad.

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