Otro año de cruceros para Ferrol


Ferrol

Ferrol se va a pasar otro año de cruceros. Más de veinte escalas para este 2016 y a puntito de batir récords de nuevo. Casi nada. ¿Se valora adecuadamente el impacto de este tipo de turismo en la ciudad? Cada vez más. Pero hay margen de mejora, lo cual siempre es positivo.

De todos modos, a lo bueno nos acostumbramos enseguida y se escucha que son necesarias más escalas, que si los buques que vienen non son grandes, que si el pasaje es demasiado mayor... Hace escasos años era impensable que un barco turístico de pasajeros hiciese atraque en Ferrol, a menos que se equivocase. Ahora, las cifras se consolidan y el mercado no solo se mantiene, sino que se amplía. Esas son las realidades.

Un mercado este, el de los cruceros, que vino a la ciudad de la mano de Ángel del Real en la presidencia del Puerto. Fueron él y su equipo los que sembraron, en este apartado, para luego recoger. Decayó la urbe naval en este terreno con Amable Dopico al frente de la Autoridad Portuaria -no era un negocio al que se le prestase especial atención- se revitalizó con la vuelta de Del Real y ahora se continúa por buena senda con José Manuel Vilariño y sus colaboradores. ¿Vivirá la ciudad de los cruceros? No. Pero todo ayuda. Tanto en impacto económico como en promoción internacional. Es imprescindible cuidar este mercado, porque es muy complejo entrar en él y muy sencillo perderlo de un plumazo.

Cruceros y cruceristas que se dan de bruces con un barrio de Ferrol Vello que sigue cayéndose a pedazos y, ahora, también se llena de vallas necesarias para evitar males mayores. Pero o se actúa con rapidez y de forma decidida, o el germen de la urbe, de su historia, acabará por agotarse o -ojo ahí- con una arquitectura que no se parecerá en nada a la actual de la mano de algún buen pelotazo urbanístico. Porque si la historia es cíclica, los pelotazos también. Y Ferrol Vello -se sabe- tiene ojos bien codiciosos que lo miran con hambre desde hace tiempo. Pero para que no gane la especulación esta partida hay que tejer recuperación. ¿Se está en ello? Sí. Pero ya se ha estado en ello otras veces y los frutos no acaban de llegar. Igual una mayor flexibilidad en las normas -algo que se puede aplicar también a A Magdalena- lo haría todo más sencillo.

Vale la pena abrirle una puerta al optimismo y pensar que las cosas se puede hacer bien. Porque hay ejemplos de ello. Pequeñas -o grandes- proezas. Como esas tiendas de barrio, esas de toda la vida, que siguen adelante. Con calidad de productos y familiaridad en el trato. A eso no les va a ganar ninguna gran superficie.

Por Andrés Vellón crÓNICA

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