El portaviones, otra oportunidad perdida


Ferrol

El «Príncipe de Asturias» se va a pique. Ahora sí. Caminito del desguace. Con toda su historia. Que no es poca. Son muchos los ferrolanos -civiles y militares- que lamentan esta decisión de Defensa, una decisión cimentada en la crisis económica y que ahora ya no tiene vuelta atrás.

Es otra oportunidad perdida para Ferrol. Y muy grande. Nadie pone en duda la dificultad de convertir un buque de guerra en un museo flotante. Y mucho menos uno del porte del gran portaviones. Es más, a día de hoy parece totalmente imposible. Pero experiencias que funcionan con mucho éxito en otros lares hace pensar. Y mucho. ¿Sería un buen reclamo turístico ese buque? ¿Habría gente interesada en pagar una entrada por recorrer su interior y conocer su historia contada por sus veteranos como sucede en San Diego con el USS Midway? ¿Sería otro buen motivo para visitar Ferrol? ¿Vendría gente de otros puntos de España a conocerlo? ¿Le interesaría a los cruceristas? Sin duda, sí. Pero el caso es que no se dan, por desgracia, las condiciones necesarias para que eso se produzca. En buena medida por la situación económica. Y en buena medida, también, por la falta de voluntad. Por la esquizofrenia que a veces parece sufrir una ciudad cuya columna vertebral económica es la fabricación de buques de guerra. De un Ferrol que reclama a Navantia, con razón, que gane concursos internacionales para hacer buques logísticos, fragatas, cazaminas... Y hay quien mezcla este discurso con el anhelo de un desarme global que, seamos realistas, no se ha producido desde que el mundo es mundo. Así que me lo expliquen. Lo que sí está claro es que la ciudad no va a ganar nada con el portaviones convertido en chatarra. Nada.

Y de una ruina a otra. El pleno ha aprobado el plan especial de Ferrol Vello. Lo que pretende ser la primera piedra para la recuperación del balcón marítimo de Ferroliño. Su esencia. Su germen. Hoy casi un barrio fantasma. Y, de nuevo, la izquierda local demuestra que, ni condenada a entenderse, es capaz de hacerlo. Porque ese documento, defendido por la socialista María Fernández Lemos con el aval de su antecesor Guillermo Evia (PP), recabó el apoyo de todos los grupos políticos del arco local, que no son pocos. Menos los del BNG. Los dos ediles a los que pone voz Iván Rivas en una formación nacionalista que vive sus momentos más agónicos y continúa enrocada en su estrategia -sí, estrategia- de diferenciarse a toda costa de Ferrol en Común y PSOE. Aunque sea quebrando la tan anhelada unanimidad. Al menos en algo. Pronto se verán los resultados de esa forma de hacer política.

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