La isla pirata del Marcide en la que los niños se olvidan del hospital

El aula del complejo ofrece cada mañana numerosas actividades para los pequeños ingresados


Ferrol

Los niños que están ingresados en el hospital Arquitecto Marcide cuentan con una escuela muy especial, porque más que centro educativo es su refugio pirata. De hecho, tiene un rincón de lectura decorado como la guarida de un corsario feliz y allí empiezan muchos ratos de liberación para los pequeños. «Cuando vienen, sobre todo por primera vez, nos reunimos en esta sala y para hacer una asamblea en la que ellos cuentan quienes son y porqué están internados», explica Pilar Porta, la profesora que la Xunta tiene en este centro educativo. Ella está encantada en este destino en el que lleva desde que se creó el centro, en mayo del 2006, porque está especializada en educación especial y es psicopedagoga.

Pilar también pide a los niños que se dibujen y ese suele ser el mejor diagnóstido de su ánimo: «Los que llegan por una intervención de garganta se pintan con una gran sonrisa, pero los que tienen la movilidad u otra limitación se dibujan aislados y tristes». Este dibujo es parte de una terapia que busca que los niños pierdan el miedo y se sientan seguros. Por eso el primer día temen coger un lápiz porque llevan una vía y en pocas horas ya se manejan como si no estuviesen conectados a ningún aparato.

La media de estancia de la mayoría de los menores en el Marcide ronda los cinco días y en esos casos las clases tienen un alto contenido de trabajo con la emoción y los sentimientos. El objetivo es, según la profesora, que los niños se olviden de que están en hospital durante unas horas cada mañana, porque esta escuela abre en cuanto se terminan las visitas médicas, en torno a las once de la mañana, y las actividades se alargan hasta el mediodía. Piltar trabaja como si estuviese en una unitaria, porque cuenta con alumnos que van desde los seis a los 16 años, a veces incluso con edades de Educación Infantil, como sucedió esta semana.

No está sola, ya que cuenta con una legión de voluntarios que permiten que casi cada día de la semana aparezcan sorpresas en el aula hospitalaria: ayer, por ejemplo, un grupo de mayores actuaron en la fiesta de Navidad, pero, además, los martes y sábado Cruz Roja envía voluntarios con muchas ganas de jugar, los lunes la Fundación Paideia hace posible la actividad Doctor sonrisas y los viernes dos jóvenes solidarias organizan un taller de scrapbooking. Además, varias veces al año alumnos de enfermería se pasan por este espacio para enseñar cómo funciona el cuerpo humano.

Pilar cuenta que muchas veces sus alumnos le preguntan cuándo es el recreo y en ese momento se percata de que ha conseguido el mayor de los objetivos: devolverles por un rato la escuela. Aunque este centro no solo es de evasión, cuando sus estudiantes deben estar varios meses internados la profesora pide un plan docente a su escuela, para ayudarle a que no pierda ni el curso, ni, sobre todo, la ilusión.

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