Ferrol es un estado de ánimo


Ferrol

Fue Valdano el que popularizó eso de que el fútbol es un estado de ánimo. Una frase que se puede extender a otras muchas cosas. También a las ciudades. Porque las urbes son estados de ánimo. Y Ferrol tiene que recuperar el suyo. Y rápido. Verdad es que, hasta ahora, la ayuda ha sido bien poca cosa. Muchos palos precedidos de pocas zanahorias.

Hay ciudades que, se nota, hierven. Son grandes calderas de vida. De apego. De raíces y de orgullo. ¿Cuánto tiene Ferrol de todo eso? Poco, a día de hoy. Se ha ido desposeyendo al vecino de todos esos sentimientos. Golpe a golpe. Como con una cortina de llovizna que nunca cesa. Que deprime. Hasta llegar justamente a eso, a tener un Ferrol deprimido.

Es cierto que las cosas no pintan bien y, por el momento, pocos motivos hay para el entusiasmo más allá de la brutal campaña que está haciendo el Racing de Isidro Silveira y Tena. Que el fútbol también hace ciudad. Tanto que cuando llegue el ascenso -porque esta vez llegará, seguro- veremos mucha euforia en la calle. Lo que siempre es de agradecer.

La pena es que los que mandan hayan machacado tanto y mentido tanto que ya cuesta creer cualquier cosa. Pero si se le echa una mirada serena, quizás un poco distante, a lo que tenemos, igual no es tan difícil mejorar ese estado de ánimo.

Que Navantia ha de ser un pulmón económico y laboral no se puede poner en tela de juicio. Y ha de valorarse que se incorpore a mercados como el de la eólica marina. Porque todavía no se sabe hasta dónde puede llegarse por esa senda, sin renunciar nunca a la esencia de los astilleros, que es la fabricación de barcos. Pero hay que añadirle más cosas. La clase empresarial local ha de fortalecerse. Debe reivindicarse. Porque transita casi con miedo. Y no es de extrañar. El centro está ahí para el que quiera apreciarlo. Triste verlo despoblándose cuando, si se mira hacia arriba, lucen preciosas galerías, alguna que otra muy bien rehabilitada, que invitan al optimismo. Urge meterle mano a Ferrol Vello porque tiene vocación de joya de la corona. Destrozada hoy, sí, pero siempre hay un mañana. ¿Borramos la especulación y vemos qué sucede? Animar el comercio y la hostelería es animar la ciudad. Un transporte público eficaz es estimular las venas de la movilidad... Se trata, en fin, de respaldar, de apoyar, de recuperar el orgullo. Algo que hoy, no lo duden, no se está haciendo. Y no esperar al maná de las siglas. Porque no vendrá.

Es hora de que la sociedad civil tome las riendas y que, con serenidad, pelee por lo suyo. La ciudad son sus vecinos. Y sus estados ánimo. Es hora de que Ferrol limpie al fin su mente. De que cambie su ánimo. El futuro está ahí para exprimirlo. A por ello.

Por Andrés Vellón crÓNICA

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