El paro, esa herida que supura angustia


Ferrol

El paro en Ferrol es una herida que no cierra. Lejos de hacerlo, parece abrirse cada vez más. Supurando la angustia de los que quieren y no pueden. Ni siquiera hace falta tirar de los fríos datos del Inem para darse cuenta. Porque cada uno de nosotros tiene entre sus familiares y amigos a personas que se encuentran en esa situación. Por si no fuese suficiente, la convocatoria de cuatro plazas temporales -seis meses- de auxiliar administrativo en el Concello de Ferrol provoca un verdadero terremoto de solicitudes. Cerca de seiscientas. Sale a unos 150 candidatos por puesto. Un buen escaparate de lo que pasa. Y no se trata de algo nuevo. Esta sangría laboral lleva años y años desertizando nuestro territorio. ¿Y qué se ha hecho? A uno se le vienen a la memoria el Plan Ferrol, los fondos de reindustrialización... Iniciativas que nacieron con el fracaso marcado en la frente. Porque no es el modo. A golpe artificial de talonario no se crea empleo. Lo que se abre es una peligrosa billetera para que de ella se saquen euros que luego no se sabe dónde acaban. Y como nadie pide responsabilidades... Aquí paz y después gloria. Muy grave tratándose -conviene no olvidarlo- de dinero público, dinero de todos, que se ha dado a la fuga. Pues alguien se lo habrá llevado. Porque la pasta no se esfuma. Solo cambia de manos. Igual no interesa mucho seguirle la pista.

Generar empleo requiere tener tejido productivo que permita cobrar para gastar y, de paso, alimentar el sector servicios. ¿Posee Ferrol tejido productivo más allá de los astilleros y la actividad portuaria? ¿Tiene Ferrol un cinturón empresarial e industrial realmente potente? No. Por tanto, insistir una y otra vez con recetas altisonantes e inservibles no tiene sentido.

Mañana habrá, de nuevo, movilización por el naval. Otra más. ¿Necesaria? Sin duda. ¿Eficaz? Las últimas no lo han sido. Ese desinfle del naval es una mal endémico que no se cura. Y lo que es peor. No se explica. Nadie da cuenta del futuro inmediato de Navantia, antes Bazán, luego Izar... Le cambian el nombre, pero los problemas permanecen. Será que se está haciendo mal. Mucho. O que se hace con intención. Cocinándose a fuego lento entre despachos y sillones de cuero.

Mérito ante todo este panorama tienen, y mucho, los trabajadores de Masol Iberia. Se cansaron de decir que su planta de biodiésel en Caneliñas es competitiva. Capaz. Asumieron esa pelea como propia, casi sin respaldos... Y debieron de hacerles caso al final, porque ahí está, operando y con visos de ampliar mercado. Ojalá.

Pero el problema sigue. Cuatro letras. PARO.

¿Será necesaria otra manifestación dentro de cuatro años? Hagan juego.

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