Un buen momento por las decisiones de la UE y el freno a la competencia desleal


Ferrol

La puesta en marcha de la planta de Masol en Caneliñas coincide con un buen momento, dentro de sus limitaciones, para el negocio del biodiésel. Sopla, se podría decir, un buen viento a favor, sobre todo si, como es el caso, la factoría tiene ya un mercado abierto, además un mercado tan restrictivo como el alemán, muy exigente con la calidad del producto que importa.

La Unión Europa está, a grandes rasgos, penalizando cada vez más a aquellos países que incumplen las cuotas de uso de biocarburantes o que han de incrementarlos, como es el caso de España. Este factor, obviamente, favorece la elaboración del biodiésel y su comercialización.

Por otro lado se está poniendo cada vez más coto a la competencia desleal de otros países. Buena prueba de ello es el hecho de que las medidas antidumping y antisubvención establecidas a las importaciones de biodiésel de Estados Unidos y de Canadá y a las mezclas de biodiésel con un contenido igual o inferior al 20 %, se extenderán por un periodo de cinco años, alcanzando así hasta 2019.

La Comisión Europea tomó recientemente esta medida a raíz de la solicitud presentada en abril de 2014 por la Asociación Europea de Biodiésel (EBB) y tras concluir que existía una alta probabilidad de que la subvención y las importaciones con dumping continuasen en el caso de que las medidas establecidas en 2009 expirasen, suponiendo un perjuicio importante para la industria de la UE.

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