Ferrol

David Fernández Abella (A Coruña, 1979) es arqueólogo de la empresa Argos e investigador de la Universidade de Santiago de Compostela. Especializado en patrimonio subacuático, entre otros terrenos, lideró en el 2013 la búsqueda de restos de la Ragazzona en Ferrol y no duda de que lo hallado hasta ahora en la ría local son solo «una o dos piezas de un gran puzzle».

-¿Por qué esta proliferación de restos de naufragios en la ría de Ferrol?

-Era uno de los puertos de mayor importancia de la Corona y de Europa a mediados del siglo XVIII. Con el tráfico marítimo que tendría que registrar, es lógico que hubiese naufragios en el entorno, en la entrada y en la salida de ese puerto.

-¿Lo hallado hasta ahora qué representa?

-Son solo de una o dos piezas de un gran puzzle. Hasta ahora conocemos muy poquito y parece que cada dos por tres aparecen restos... Como he dicho, es lógico pensar que una zona con el resguardo de la ría de Ferrol puede conservar muchos restos sumergidos.

-Pero apenas hay investigaciones al respecto.

-En este terreno, estamos en un estado todavía muy incipiente. Trabajos metódicos hay muy pocos y, desde luego, no se ha hecho uno exhaustivo en la ría de Ferrol. Y es algo que se suele hacer para lograr una protección efectiva del patrimonio subacuático. Cataluña y Andalucía, por ejemplo, tiene buenas cartas arqueológicas submarinas.

-¿Ha castigado mucho el expolio los vestigios?

-Como realmente no sabemos lo que tenemos, tampoco sabemos lo que puede llegar a guardar la ría de Ferrol, no podemos calibrar el grado de expolio. Pero es evidente que hay restos arqueológicos en cotas buceables que han sufrido daños. Además yo creo que se trata de expolios y daños no movidos por el afán económico, sino más bien por ignorancia, por desconocimiento.

-¿Cuál es la franja temporal en la que se ubicarían la mayoría de los vestigios?

-En la franja que va de mediados del siglo XVIII al XIX. Pero cabe la posibilidad de restos anteriores. Por ejemplo, hay una zona importante en Mugardos de restos romanos. Tendría que haber también piezas medievales.

-¿Qué se siente cuando se encuentra una pieza de estas características?

-Yo empecé a bucear profesionalmente en el 2002 y cuando te centras en este terreno, y más allá de temas románticos, sigues por vocación, no por ánimo de lucro. Eso lo puedo asegurar. Cuando encuentras algo sientes sorpresa, primero, y luego satisfacción. Sorpresa porque la visibilidad suele ser escasa y te topas las piezas casi de bruces. Y satisfacción tanto por un pequeño orgullo profesional como por el hecho de hallar algo que estaba perdido.

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«Son solo una o dos piezas de un gran puzzle»