«El baloncesto en silla de ruedas cambió mi forma de ver la vida»

Destaca el espíritu de superación y sacrificio de sus jugadores y asegura que nunca se quejan

Miguel Loureiro lleva casi dos años encargándose de la preparación de este equipo ferrolano.
Miguel Loureiro lleva casi dos años encargándose de la preparación de este equipo ferrolano.

FERROL

Miguel Loureiro fue uno de los mejores baloncestistas que ha dado Ferrol. Muy querido por la afición y símbolo del mítico OAR, que hizo vibrar a miles de aficionados con históricos triunfos frente al Real Madrid o el Barcelona, es ahora el entrenador del Abeconsa Basketmi que compite en la División de Honor de baloncesto en silla de ruedas. Canido, como se le conocía por haber vivido en este barrio ferrolano, ha compartido vestuario con cientos de jugadores, nacionales o extranjeros y auténticas estrellas del mundo de la canasta . Ha visto casi de todo, pero se saca el sombrero con los componentes de su equipo de baloncesto en silla de ruedas, a los que prepara desde hace casi dos años: «Entrenar a este equipo me cambió la forma de ver la vida. Son increíbles, su espíritu de sacrificio y de superación no tienen limites. Son personas que nunca se quejan, gente que tiene la cabeza muy bien amueblada. En el tiempo que llevo con ellos, me he dado cuenta que es otro mundo, diferente al que yo había vivido durante tantos años en el baloncesto a pie», indica.

Asegura que llegó a este club de casualidad: «Tuve la oportunidad de participar en un curso sobre deporte adaptado y no lo dudé. Ellos me vieron allí y poco tiempo después me ofrecieron si quería entrenarles. Yo no acepté de primeras, me estudié toda la reglamentación, me informé de cómo era la liga en la que participaban, quería saber si realmente podía ayudarles. Al final, acepté y fue una gran decisión, no me arrepiento en absoluto», indica.

Compiten en la máxima categoría de este deporte a nivel nacional, que es como decir la primera o la segunda mejor liga del mundo, han perdido los siete primeros encuentros de liga, pero no se desaniman: «Nosotros somos un equipo de aficionados -explica Miguel Loureiro-; la mayor parte de los jugadores son de esta zona: Ferrol, Valdoviño, Ares o Fene y nos medimos a equipos profesionales, en los que todos los jugadores cobran y viven en exclusiva de esta práctica deportiva. Muchos cuentan en sus filas con jugadores extranjeros, muy competentes de reconocimiento internacional. El Ilunión de Madrid, uno de los más fuertes, cuenta con el apoyo de la Fundación ONCE, es el actual campeón de liga y se alzó con el subcampeonato de Europa, solo pudo derrotarle un equipo alemán. Se podría decir que en esta liga española están jugando los mejores del mundo».

Loureiro añade que: «Cuando ascendimos, ya sabíamos lo que nos íbamos a encontrar. Si nos trasladáramos al fútbol, sería como pasar de jugar en Tercera a enfrentarte al Real Madrid. Sin embargo, aprovechando que el club cumplía el cuarto de siglo de existencia, fue fundado en enero de 1990, se decidió subir y que la gente disfrutara de una campaña en la máxima categoría. Afrontamos esta etapa con muchos de los que jugaban en la temporada anterior. A partir de febrero o marzo disputaremos la fase por la permanencia. Solo hay un descenso y a priori, nosotros y el Joventut somos los candidatos. A ver si nos podemos reforzar con uno o dos jugadores y logramos la permanencia», indica.

«El club trabaja para mejorar su infraestructura -añade el preparador- para que la entidad crezca. He llegado yo y poco después también han incorporado a Rogelio Bermúdez para la preparación física. Entre todos, intentamos dar pasos hacia delante, tanto con personas como con material. Otro de los objetivos es abrir el club a nuevos apoyos; en el equipo tenemos a gente ya de una cierta edad, alguno juega con 50 años, y necesitamos más cantera», indica.

Destaca que a la hora de entrenar trabajan como cualquier otro equipo de baloncesto: «Hacemos técnica individual, lanzamientos y también táctica. Entrenamos tres días a la semana en el pabellón del Ensanche, aunque hay jugadores que trabajan un día más. La humildad asegura que es la seña de este equipo, aunque añade: «En general, en esta liga hasta las grandes estrellas son humildes».

Su último partido lo disputaron frente al Bidaideak de Bilbao con el que perdieron por 46-92. Una derrota más pese a los esfuerzos de su ruidosa afición por animarles: «No importa perder -argumenta el entrenador- seguimos disfrutando de nuestro premio, pero al mismo tiempo aprendemos y mejoramos. No hay reprochas y malas caras, simplemente salimos a la cancha a divertirnos con lo que nos gusta hacer».

En la próxima jornada el desplazamiento será corto, ya que juegan en casa del Amfiv Vigo.

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