La ballena de Niño do Corvo vuelve a ver la luz en Ferrol 10 años después de su varamiento

Su esqueleto será expuesto a partir de hoy en el museo que la Sociedade Galega de Historia Natural


carballo / la voz

Diez años después de que el mar lo arrastrase hasta una pequeña cala de la costa de Ponteceso, el ejemplar de rorcual común aparecido en la playa de Niño do Corvo vuelve a ser noticia porque su esqueleto será expuesto a partir de hoy en el museo que la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN) tiene en Ferrol.

Sus 18,30 metros pasarán a ser el gran atractivo de una de las salas de la institución convirtiéndose además en el ejemplar de mayor tamaño expuesto en Galicia y en uno de los más grandes de toda España, según explicaba ayer, pocos minutos después de completar su instalación, Juan Ignacio Díaz da Silva, miembro tanto de la SGHN como de la Coordinadora Galega de Mamíferos Mariños (Cemma) y protagonista de un proceso que cumple ya un decenio.

Díaz da Silva había participado en marzo del 2004, junto a medio centenar de personas (voluntarios y personal del Concello de Ponteceso, entre otros muchos), en el operativo para retirar los restos de la ballena de la playa pontecesana y ha tomado parte también en todo el periplo posterior. Su enterramiento -troceada y debidamente acondicionada en un lecho de arena de cantera y protegida por una malla- en un terreno del Concello ferrolano durante dos años permitió que la naturaleza contribuyese al propósito de dejar libre su esqueleto antes de recuperarlo, volver a tratarlo y almacenarlo a la espera de disponer del espacio idóneo para exponerlo. «Desde o principio tiñamos claro que non queríamos que acabase nunha planta de incineración, senón que fose exposto e neste senso temos que estar agradecidos ao Concello de Ponteceso pola súa colaboración».

Una vez conseguido el espacio y los medios para lograr ese objetivo, el pasado mes de junio arrancó la última y laboriosa fase de los trabajos: «Foi como montar un xigantesco crebacabezas porque despois de tantos anos había bastantes anacos: só no cranio houbo que xuntar 74». Las dimensiones y el peso de esa parte del esqueleto (350 kilos, más otros 200 de las dos mandíbulas) fue otra de las dificultades a la hora de instalar la ballena en la que será su morada definitiva. Desde allí, Díaz confía en que contribuya a despertar el interés por estos animales y a incentivar su protección.

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