Carballo / La Voz

El cielo es un espectáculo cualquier noche, pero en estas fechas de agosto más, y en Cabana lo saben bien. Como también lo saben las 200 personas que el viernes por la noche se aventuraron a hacer la Ruta das Estrelas, con el catedrático de física Jorge Mira como guía.

Comenzó la caminata pasadas las diez con una visita al dolmen de Dombate. Anxo Eiroa, el jefe de la expedición, se adentró en algunos detalles de la cultura del megalitismo. Así, comentó que la catedral de las antas gallegas está orientada hacia el primer rayo de Sol del solsticio de invierno, cuando la noche empieza menguar y la luz le gana terreno día a día. Hace 5.000 años, cuando construyeron el monumento, ya sabían de la importancia que los astros tenían para sus ciclos agrarios. El inicio de la ruta coincidió con el viejo Dombate iluminado como si fuese una reliquia.

Al poco de emprender la excusión, Jorge Mira manda parar el pelotón a la altura de la aldea de A Gándara y muestra como la Estación Espacial Internacional atraviesa el cielo de Oeste a Este. Iba a 28.000 kilómetros por hora y a 350.000 metros de altura. Los expedicionarios, entre los que había un buen número de niños, saludaron a los tres tripulantes, que tardan hora y media en dar una vuelta a la Tierra. En A Gándara hay otro dolmen, dijo Anxo, que apuntó además, que en esta aldea tiene sus invernaderos el Rei do Tomate. Antes de que prosiguiera la marcha, los caminantes atendieron las explicaciones de Mira sobre el triángulo formado por Marte, Saturno y Virgo.

Casi en el límite de Cabana con Laxe hubo reagrupamiento para evitar que la cola de la santa compaña, como bromeaban algunos, quedase rezagada. La pequeña espera se produjo ante el Cruceiro da Portela, donde también hay restos de una mámoa. Mientras Eiroa advierte de que al Cristo le faltan las piernas, algunos de los presentes observan como los murciélagos revolotean sobre sus cabezas.

El principal destino de la expedición es el alto de las Pedras Bastas, de donde proceden las 18 losas de Dombate. Desde allí se divisan Laxe, Corme e innumerables aldeas que por el resplandor nocturno dan la sensación de formar un conjunto urbano. Mira se queja precisamente de la contaminación lumínica. Se apagan las linternas y el catedrático inicia una amena lección de astrofísica. Empezó por señalar la Estrella Polar, y continuó con la Osa Mayor y la Osa Menor, dio pormenores sobre la presencia del triángulo de verano, con Vega, Cisne y Altair, y de las constelaciones de Sagitario y Capricornio... Los caminantes siguen la disertación sentados sobre una enorme laja. Algunos se asombran cuando del área de Perseo surge una lágrima de san Lorenzo. Son los restos del cometa Swift-Tuttle. Alguien pregunta por Arturo. No es el nombre de uno de los caminantes. El físico señala al cielo con su puntero láser y el curioso queda satisfecho. La clase pasa volando. El profesor, a una pregunta, explica el origen del universo y su desarrollo, pero llegan las doce y media de la noche y decide poner fin a la lección.

De ahí, los caminantes se dirigen a Coéns (Laxe), donde Eiroa recuerda que en este lugar hubo una mina de caolín creada por el también científico Isidro Parga Pondal. El yacimiento cerró en 1982. En su lugar hay un lago. Eran las dos de la madrugada cuando los expedicionarios pusieron fin a la Ruta das Estrelas, de nuevo en Dombate, y después de recorrer 8,5 kilómetros. Lucía, una niña de siete años que hizo todo el trayecto a pie, estaba cansada, pero seguro que nunca olvidará que una noche de San Lorenzo subió al monte para ver llorar al cielo.

Ruta das Estrelas De dombate a pedras bastas

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El cielo brilla más en Cabana