La última reinvención de la vieja Astano


Ferrol

Fabricó durante décadas superpetroleros que pusieron a Fene en el mapa mundial de la construcción naval. Llegó la primera reconversión y lejos de hundirse con un veto injusto volvió a sacar garra no solo para sobrevivir posicionado en un sector hasta entonces totalmente ajeno, el off-shore, sino para colocarse entre los primeros de este mercado. El hachazo llegado con la última reconversión, desencadenada por la exigencia de devolución de unas ayudas públicas declaradas ilegales por la Unión Europea, condenó al astillero de Fene a tener un papel auxiliar del de Ferrol, fabricando módulos para los buques militares que se fabricaban en la planta vecina. Y llegó la parálisis... muy dura para sus últimos 300 trabajadores, mascullando día sí y día también si estaba próximo el fin o cuál sería el futuro de estas instalaciones. Sin dejar de pelear nunca, el orgullo naval de los grandes hitos está volviendo a reinventarse. Pocos años después de la apuesta por la eólica marina, los componentes toman cuerpo en sus instalaciones, con la ejecución de dos contratos para dos gigantes energéticos, la española Iberdrola y la noruega Statoil.

Sus trabajadores añoran los barcos, y es entendible, pero deberían lucir con orgullo su posición en un sector en el que va imparable y en el que está a punto de lograr un nuevo encargo. Navantia Fene está en el reducido grupo de plantas europeas que mandan en este mercado y, aunque es reciente, se prevé que al menos en los próximos años, si se cumple el reto de ajustar precios para hacer más competitivos los parques, continúe creciendo.

Esta semana vinieron al astillero los presidentes de Navantia y de la Xunta, José Manuel Revuelta y Alberto Núñez Feijoo, a aprovechar el arranque de la obra para Statoil con el fin de escenificar un cambio de ciclo en el naval. Se subieron a la grúa pórtico, amagaron con una intervención sin preguntas ante los medios y tampoco tuvieron tiempo para escuchar a los representantes de los trabajadores.

Feijoo confirmó que está todo listo para que se firme el contrato con Arabia Saudí una vez que el rey del país lo autorice. También se espera que, en el verano, Australia encargue a los astilleros de la ría dos buques logísticos. Ambas obras despejarían trabajo para los próximos años.

¿Tiene que renunciar la antigua Astano a participar en estos encargos o en otros futuros? Por supuesto que no. Es un astillero con instalaciones envidiables y una capacitación incuestionable. Pero tampoco debe renunciar a un mercado en el que en tan poco tiempo es ya un referente. Sumemos sin renunciar y que no se repita lo que pasó con la eólica terrestre, que se abandonó por directrices políticas pese a la gran especialización alcanzada.

Por Beatriz Couce crÓNICA

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