Las mujeres rurales se hacen oír

El wasap y las redes sociales contribuyen a paliar el aislamiento que sufren muchas vecinas mayores, mientras las más jóvenes reivindican la calidad de vida del campo


CABANAS / LA VOZ

Cuando Beatriz Carbón, vicepresidenta de Cabanas Rural Asociación de Mulleres, decidió crear un grupo de wasap para facilitar la comunicación entre las hilanderas, ninguna quería. «Son maiores [muchas de más de 70 años] e cústalles, pero agora, todas as fiandeiras son guasapeiras e mandan mensaxes todo o día», cuenta. El teléfono móvil, con el wasap y las redes sociales, han contribuido a paliar el aislamiento que sufren muchas habitantes del medio rural. El lunes se conmemora el Día Internacional de la Mujer Rural y las residentes del campo quieren hacerse oír.

Carbón distingue entre generaciones. «Na miña zona seguen facendo o mesmo que as súas avoas e as súas bisavoas e nós aprendemos delas [como el trabajo del lino]; as que somos máis novas saímos, movémonos, pero as de 65 ou 70 anos para arriba quedan estancadas e necesitan activarse, saír do círculo de sementar e sachar, pero hai carencias en infraestruturas e transporte público, e iso quítalles autonomía», desgrana. De ahí el importante papel que juegan los colectivos, con talleres, cursos o viajes.

Meses sin reír

Araceli López, vecina de O Barqueiro, ha trabajado varios años impartiendo talleres psicosociales en las parroquias de Mañón y Ortigueira. «El problema es la dispersión, no se ven, y la soledad, no tienen con quién hablar; y los talleres les sirven como una vía de escape. Les gusta mucho contar sus experiencias, son sabias, conocen muchas cosas que nosotros ignoramos y eso se va perdiendo por falta de un espacio donde poder compartirlo», lamenta. Recuerda a una anciana que acudió a una sesión de risoterapia y le confesó que llevaba meses sin haberse reído. López cree que «se sienten apartadas de la sociedad, van al mercado o al médico y nada más, deberían tener una vida más activa».

Mientras las mayores sobrellevan los días en aldeas cada vez más despobladas que, sin embargo, pocas querrían abandonar; las más jóvenes reivindican la calidad de vida del campo, donde muchas viven por elección. Es el caso de Beatriz Carbón -el teletrabajo le permite residir lejos del ruido urbano- o de Elena Ramos (Cerdido), firme defensora de los valores del campo.

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