Del taller de carpintería del abuelo Generoso a una fábrica puntera

La firma fundada hace 60 años vende en el centro y norte peninsular, Francia y Portugal, y planea expandirse a Asia


Cerdido

En una esquina de la moderna fábrica, de unos 5.000 metros cuadrados (cerca está el almacén, de 3.000), se conserva el taller fundado en 1957 por Generoso Santalla Orjales, nacido en Gondredo (Cerdido). El abuelo falleció hace tres años con casi 96. «Empezó como albañil, los carpinteros de entonces; en una época de poco trabajo volvió a la agricultura y cuando mi padre [Generoso Santalla Santalla, de 70 años] vino de la mili empezó a salir a buscar trabajo y mi abuelo volvió al taller de O Carballeiro», relata Francisco Santalla Rañal, de 42 años, administrador, junto a su hermano, José Andrés, de Industrias Generoso Santalla. La expansión de la compañía -dedicada a la fabricación de tarimas, molduras y otras piezas de madera utilizadas para la construcción- comenzó en 1967, con las nuevas instalaciones de A Barcia.

La «visión empresarial» del segundo eslabón de esta saga transformó la pequeña carpintería de Generoso -de la que salían puertas, ventanas, muebles o vigas- en una fábrica puntera, que invirtió mucho en tecnología -dispone de cuatro moldureras alemanas, una de ellas valorada en 400.000 euros, que le permiten producir mil metros cuadrados diarios de tarima-, incorporó personal cualificado y amplió su mercado - vende en todo el centro y el norte peninsular, Canarias, Francia y Portugal, y planea expandirse en breve al mercado asiático-. Los nietos se incorporaron con poco más de 20 años -«estudiar no nos gustaba»- y su padre les inculcó «la disciplina, el orden y la seriedad». «Conseguíamos un crédito para una inversión, lo acabábamos de pagar y ya estábamos pensando en otra», indican.

Pero el crecimiento, aupado por el bum de la construcción, que les llevó a formar una plantilla de 50 personas (hoy quedan la mitad), producir unos 150.000 metros cuadrados de suelos al año y facturar nueve millones de euros, se truncó con la irrupción de la crisis. «Brutal (...). Se llevó por delante a muchos de nuestros clientes [la mayoría, almacenistas de madera; y solo en el entorno de Ferrolterra, Ortegal y Eume, promotores inmobiliarios]. alguno desde hacía 15, 20 y hasta 30 años, sin ningún problema en todo ese tiempo; a ellos dejaron de pagarles y eso se vino en nuestra contra», explica Francisco. Los bancos cortaron el crédito y comenzó «el calvario», más duro aún para su padre, jubilado desde hace cinco años (aunque es el primero en llegar y el último en irse de la fábrica cada día).

«Los tres socios, mi hermano, mi padre y yo, pusimos mucho dinero; mi padre aportó cuanto tenía para tratar de salvar la empresa, la queremos como a un hijo», admite. Y «no quedó más remedio» que entrar en concurso de acreedores, en mayo de 2015, con una propuesta anticipada de convenio que les permitió, «tan solo en nueve meses, alcanzar un acuerdo con los proveedores, levantar el concurso» e iniciar la remontada. Clientes nunca les faltaron, pero sí financiación para adquirir la materia prima necesaria para atender los pedidos (el 90 % de su producción actual es de roble americano; el resto, sapelli y otras maderas tropicales).

 Las penurias se agudizaron por las trabas impuestas desde «todos los organismos oficiales, Agencia Tributaria, Seguridad Social... Todo se pone en contra de la empresa, hay más interés en tirarla que ayudarla a salir adelante», critica el responsable comercial. «El Gobierno tiene que crear las condiciones para que los empresarios puedan invertir y crear riqueza, no ponerles zancadillas», defiende.

Las dificultades económicas les condujeron a un ERTE (expediente de regulación temporal de empleo), que aún afecta al 25 % de la plantilla (ahora son 25, de Cerdido, Cedeira y Moeche). «El comportamiento de nuestro personal ha sido excelente, les estamos muy agradecidos -recalcan-. Los conoces [alguno ha estado 40 años y hay quien lleva 5, 15 o 25], sabes que tienen hipotecas o préstamos, y sin financiación ves que no puedes pagarles y te vuelves loco. Ahora les estamos abonando mes a mes con la nómina lo que les debíamos».

La situación ha mejorado «al cien por cien» en el último año, aunque estas semanas se percibe cierta parálisis por la inestabilidad política. «Trabajamos con ánimo para crecer [muchas firmas de la competencia han caído], pero no tenemos la ambición de volver a aquellas cifras, queremos vender a gente solvente, sin problemas de cobro y al precio que corresponde», subrayan. De la crisis han extraído lecciones: «Sabemos quién de verdad nos apoyó en los momentos difíciles y quién se olvidó totalmente de nosotros, y los errores».

El espíritu del abuelo pervive en el viejo taller de carpintería, que mantienen y quieren potenciar para atender a los clientes particulares, «muchísimos», en paralelo a la fabricación en serie. Y parece haberse transmitido ya a una cuarta generación. Pablo, hijo de José Andrés, de 15 años, siente «pasión» por la fábrica.

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