«En el Kilowatio de Cedeira seguiremos sirviendo marraxo, a no ser que prohíban pescarlo»

Hace más de tres décadas que abrió este local, ahora cerrado por la pandemia. Su plato estrella es esta especie de tiburón

Clientes fieles del mesón Muíño Kilowatio, en una fotografía de antes de la pandemia
Clientes fieles del mesón Muíño Kilowatio, en una fotografía de antes de la pandemia

CEDEIRA / LA VOZ

Un día de verano, en el mesón Muíño Kilowatio de Cedeira sirven unos 30 kilos de marraxo en tapas y raciones. «Es el plato fuerte, con las patatas fritas», reconoce Ana Muíño, al frente del negocio desde que se jubilaron sus padres. En julio se cumplirán 32 años de la apertura del local. José Manuel Muíño, entonces empleado de Unión Fenosa, y su mujer, Antonia Costa, Tona, montaron el mesón en la calle Mariñeiro, donde estaba la oficina de la compañía eléctrica. «Iba a llamarse Muíño -cuenta su hija Ana-, pero un día, en plena reforma, pasaron por delante unos marineros y dijeron ‘pues va a quedar bien el Kilowatio', y a mis padres les gustó».

Ana siempre ha trabajado en el establecimiento familiar, donde comparte faena con su cuñada, su hijo pequeño y otros dos empleados. En Navidad cierran por vacaciones, y este año ya no han vuelto a abrir, por la pandemia. «Es demasiado tiempo cerrado», se lamenta esta hostelera. En invierno, el local funciona de viernes a domingo, festivos y vísperas, y Semana Santa; y desde principios de junio hasta finales de septiembre, las puertas del Kilowatio están siempre abiertas. Las trabas para la comercialización del marraxo (una especie de tiburón, considerado el más inteligente, además de ser el animal marino más rápido conocido) no preocupan, de momento, a la encargada. «El proveedor que nos lo sirve me dijo que no debería haber problema, aunque en alguna temporada puede haber menos. En el Kilowatio seguiremos sirviendo marraxo, a no ser que prohíban pescarlo», afirma.

Las recetas de Tona

De su madre aprendió esta receta y la del resto de platos que figuran en la carta: calamares, chocos en salsa, zorza, raxo, pincho moruno, pincho de solomillo, cordon bleu, ensaladilla y bonito en salsa (durante la temporada del túnido). «Muy sencilla, todo preparado en el día. Nuestro lema siempre ha sido ‘lo que no quieres comer tú no se lo des a los demás...'. Después está el boca a boca de la gente. Materia prima de lo mejor y todo cortado y preparado por nosotros», explica.

El marraxo que preparan en el Kilowatio destaca por su jugosidad
El marraxo que preparan en el Kilowatio destaca por su jugosidad

En el Kilowatio manda el sabor a mar. Las croquetas de bacalao y merluza son otra tentación. «En verano, hacemos doce litros cada día», cuenta Ana, incapaz de calcular los kilos de patatas que pelan, trocean y fríen. Gustan tanto que algunos veraneantes reservan casi a diario su porción para llevársela a casa y acompañar su propio menú. Otros, turistas y vecinos de la zona, encargan raciones completas de marraxo para llevar. A la entrada se forman colas. «Es un local muy pequeño, algo que ahora nos está perjudicando mucho con la pandemia, es más de estar de pie, con taburetes, y tenemos la terraza fuera», describe. Durante la campaña estival, Ana refuerza los fogones y contrata un camarero más.

La clientela es fiel, tanto la local como la foránea. «Con todo lo de la pandemia, me llaman de Córdoba, Aranjuez, Barcelona, Madrid, de todas partes. Es lo mejor que tenemos. Llevo muchos años trabajando aquí y me encariño con ellos, es mi familia, hay gente que ya venía cuando estaban mis padres y ahora siguen, ya con sus hijos [...]. ¡A ver cuándo podemos volver a abrir! Ya no es lo que te afecta en lo económico, sino psicológicamente, te falta algo, poder hablar con tu gente... El cierre perimetral de Ferrol y Narón ha perjudicado muchísimo», reflexiona.

El cliente de las 40 croquetas

Iago, estudiante de 22 años, es uno de los incondicionales del Kilowatio: «Voy desde que nací. Mis abuelos y mi padre son de Cedeira, y siempre han tenido mucha amistad con la familia Muíño». Tarda poco en confesar alguna de sus hazañas gastronómicas en el local cedeirés. «Con diez años me comía cuarenta croquetas, por glotón... Era lo único que comía -aclara-, tienen algo diferente, que las hace especiales». Este joven se reconoce «croquetero de nacimiento», aunque ahora se conforma «con una tapa, y después un cordon bleu».

Fachada del local, ubicado en la calle Mariñeiro, con vistas al paseo y a la playa de A Magdalena
Fachada del local, ubicado en la calle Mariñeiro, con vistas al paseo y a la playa de A Magdalena

También le gusta el marraxo: «En otros sitios está seco, allí lo hacen más jugoso». Y a sus amigos les recomienda, siempre, el Kilowatio: «No te va a defraudar, por la comida, el ambiente, las vistas al mar... Todos los que van quedan encantados, es un negocio familiar, siempre te reciben con una sonrisa, pasas un rato agradable...». Laura, madrileña, tampoco escatima elogios al plato estrella del local y a sus responsables: «Para mí, el marraxo es la combinación perfecta entre el delicioso sabor del mar y todo el cariño con que lo prepara una gran familia». «Pocas veces un plato tan sencillo convence a paladares tan diversos. Nada es casualidad, en el timón va un gran capitán», concluye. 

«Mis padres son mis pilares»

Si Tona reinó durante años en la cocina, para Muíño, como se conoce a su marido, «el Kilowatio es su vida». «Aún hoy se metería a trabajar en el bar, el día que me falte me falta todo. Si un día no estoy y viene un viajante le abre para meter la mercancía...», agradece Ana, conmovida. «Mis padres son mis pilares. Mi madre nos hace la comida cada día en verano [casi nunca antes de las cinco de la tarde]. La mayoría de los clientes pregunta por ellos y mi padre suele ir por allí a charlar», comenta. Ana, la del Kilowatio, como se refieren a ella en Cedeira, ansía poder volver a servir las raciones de marraxo que tanto añoran sus clientes.

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