El timón del Río Jordán, uno de los «tesoros» del Museo Mares de Cedeira

La inscripción de la pieza ha permitido averiguar su origen, que se remonta a 1913


CEDEIRA / LA VOZ

El Museo Mares de Cedeira, abierto desde el 23 de julio de 2016 por iniciativa de la asociación homónima, no deja de deparar alegrías a sus promotores y a los cedeireses, que se han implicado desde el principio en el proyecto. La incorporación, en agosto, de la técnica Lucía Brage (Neda, 1984), ha permitido impulsar la investigación sobre algunas de las piezas de esta colección visitable, reconocida como tal por la Xunta desde mayo de 2017. Gracias a sus indagaciones se ha clarificado el origen de una rueda de timón de ocho cabillas y 53 centímetros de diámetro, «composta por dúas madeiras superpostas, unha máis ancha, e cun aro de bronce con inscrición aparafusado na máis estreita».

En principio se creía que «Pattison, o dono dos estaleiros [donde se construyó] lle dedicara a roda do temón dun dos seus barcos a un compatriota británico, Robert Falcon Scott, oficial e explorador da Mariña Real Británica, que dirixira dúas expedicións á Antártida», cuenta Brage. Pero algo no encajaba. En la inscripción aparece Falco, no Falcon. «Como Pattison, británico, ía escribir mal o nome dun compatriota?», se preguntó la directora del museo. La clave para las pesquisas fue la inscripción: «R. ESPLORATORE FALCO - OFFne E CANTri NAPOLE*ANI C. E T.T. PATTISON. NAPOLI».

El astillero de John Pattison

Según averiguó Brage, la inscripción alude al astillero donde fue construido el primer buque que llevó este timón, abierto en Nápoles en 1864 por John Pattison. En cuanto a R. Esploratore Falco, sería el nombre de uno de los barcos a los que perteneció esta pieza. «Pero non foi o primeiro. A historia desta roda comeza no ano 1913, co encargo recibido no estaleiro de Pattison para a construción de varios buques para a mariña rumana, un deles da tipoloxía explorador [similar a un crucero], ao que chamaron Viscol». En aquel buque se estrenó el timón donado al Museo Mares de Cedeira. «Mais o 5 de xuño de 1915, Italia entra na Primeira Guerra Mundial e este buque, aínda no estaleiro sen rematar, foi requisado pola Regia Marina italiana e renomeado Falco [el halcón], da Aquila», detalla Brage.

Pero no se acabó hasta 1920, y un año después trasladó al rey Víctor Manuel II a San Remo para asistir al funeral del rey de Montenegro, Nicolás I. «En 1927 sufriu varias transformacións e o 11 de outubro de 1937 foi cedido a España, onde foi renomeado Velas-Ceuta ou Ceuta, e levouse a despezar en 1950», agrega. Y de ahí pasó a formar parte del pesquero cedeirés Río Jordán, construido en 1962 y desguazado en 1996. Para ser expuesto se restauraron siete de las ocho cabillas. «E ao desmontar as pezas para a súa limpeza e saneamento, desaparafusouse o aro metálico, que escondía a inscrición, porque estaba colocado ao revés», señala. Hoy se puede ver en la posición original, junto a una foto y un aro salvavidas del Río Jordán.

El Mar das Balandras

Brage es licenciada en Biblioteconomía y Documentación, máster en Museos, Archivos y Bibliotecas, y está a punto de acabar la tesis doctoral: Diplomacia, coleccionismo y primeras excavaciones arqueológicas españolas en Oriente. En el museo se topó con una fotografía titulada Rada de Cedeira año 1919. Balandras de Bretaña Langosteras. Dos conocidos y afamados patrones, Monsieurs Roland y Chaplain. Entabló contactos con Francia y descubrió que en la cartografía del siglo XVI ya se aludía a puertos gallegos, entre ellos el cedeirés.

En Cedeira se habla del Mar das Balandras, entre el faro de Robaleira y la playa de Sonreiras, donde a principios del siglo XX fondeaban «moreas de cúters [un tipo de velero] e balandras francesas, que andaban á semente da ostra [...]. Da Bretaña saían tamén os barcos cara Mauritania para coller langosta verde. Construíanse de dobre casco, no que se adaptaba un viveiro para transportala viva, cuns buratos para renovar a auga. Para aclimatarse á temperatura das augas do norte paraban en Cedeira».

Abundancia de langostas

Hasta que descubrieron que a dos millas mar adentro de la ría de Cedeira había langostas, algo que ignoraban los pescadores locales: «Faenaban guiados polo escandallo e sempre lles saía fondo areoso, mais iso era un calexón que remataba nunha zona rochosa de abundante pesca e grandes cantidades de langosta». Los marineros cedeireses no apreciaban este crustáceo, pero todo cambió con la llegada de los franceses, «xa que traían unha nasa en forma de cilindro, de bimbe ou castiñeiro, cunha abertura lateral, tipoloxía que quedou na cultura pesqueira de Galicia, en especial en Cedeira».

Una de estas nasas se expone en el museo, igual que varias piedras calcáreas y sílex, que utilizaban los bretones como lastre y desechaban al ir llenando el vivero de langostas. En marea baja aparecen en la playa de Arealonga. Brage, embarcada ya en nuevas pesquisas, alaba a los artífices del museo: «He tenido buenos maestros [José, Eduardo y Chente]. Surgió del amor a Cedeira y las ganas de transmitir una tradición que se iba a perder».

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