Esta sí que es una gran familia

La natalidad se desploma en la comarca de Ferrol, pero hay quienes van a contracorriente y optan por un hogar más bullicioso, a pesar del coste económico y laboral que acarrea


En la película Doce en casa, protagonizada por Steve Martin y Bonnie Hunt, la alegría y el caos se suceden sin cesar, como en la mayoría de las casas habitadas por una familia numerosa especial, la formada por cinco o más hijos (o cuatro si al menos tres proceden de parto, adopción o acogimiento permanente o preadoptivo múltiple, entre otras circunstancias). Para ser reconocida como familia numerosa general basta con tener tres vástagos (o dos si uno de ellos o alguno de los progenitores sufre una discapacidad). Este último título también se otorga si el padre o la madre están separados o divorciados y suman tres o más hijos, sean comunes o no, aunque se encuentren en distintas unidades familiares, siempre que sean dependientes económicamente; y en algunas circunstancias más.

La ferrolana Mar Dorrio y 11 de sus 12 hijos. Tiene 42 años y ha renunciado a trabajar fuera de casa para cuidar a su prole
La ferrolana Mar Dorrio y 11 de sus 12 hijos. Tiene 42 años y ha renunciado a trabajar fuera de casa para cuidar a su prole

En la vivienda de la ferrolana Mar Dorrio, de 42 años, «cualquier momento es candidato al caos [el cacao derramado durante el desayuno sobre la ropa recién puesta no es infrecuente]». Con 12 hijos, de entre 20 (Carmen) y dos años (Paz), no hay tiempo para el aburrimiento. «Por la mañana vas a toda pastilla para preparar la comida y poner lavadoras, y por la tarde ejerces de taxista, con las actividades extraescolares», cuenta. Y relativiza: «Como van llegando de uno en uno, te vas adaptando». Cuando el piso se les quedó pequeño, ella y su marido consiguieron comprar el de al lado y de 90 metros cuadrados pasaron a 180, con ocho habitaciones y tres baños. Para viajar, nueve hermanos van en la furgoneta -podrían habilitar 12 plazas, pero la normativa exige, en ese caso, permiso de conducir autobuses, algo que critica esta madre- y los mayores en tren.

Para Dorrio, «lo más duro de una familia tan grande es lo injusta que puedes ser a veces con tus hijos, porque no puedes tratarlos a todos igual, porque cada uno tiene sus talentos». Y lo más gratificante: «Los abrazos, ver cómo se quieren entre ellos y pensar que cuando yo me muera se quedan muy acompañados». Reconoce que hay algo de tragicomedia en el día a día de su familia, un sueño que se ha podido permitir «porque vivimos en España y la sanidad y la educación son gratuitas». «Y cariño no les falta».

Los cariñeses Corina y Javier, con sus cuatro hijos
Los cariñeses Corina y Javier, con sus cuatro hijos

La alegría es una seña de identidad de los hogares de familias numerosas. En la de los cariñeses Corina Luaces, de 29 años, y Javier Balado, de 35, las risas y los berrinches los protagonizan Asier, de 10 años; Aimar, de ocho, Karen, de 6; y Alana, de siete meses. «De pequeña quería tener una familia grande y después, fue surgiendo», indica la madre. Los abuelos resultan clave a la hora de conciliar, «lo más difícil», junto a la colada -«es lo peor, dos o tres lavadoras al día, con la ropa del fútbol, la piscina...»-. La vida diaria requiere cierta disciplina. «No me gusta que el mayor se haga cargo de la pequeña, pero sí que cada uno tenga sus responsabilidades», relata. Si algo la emociona es ver cómo se apoyan entre ellos cuando a alguno le riñen: «Cuando falta uno paree que falta una pieza del puzle».

Beatriz Mariña, vecina del Porto de Bares (Mañón), con su marido Arturo y sus tres hijos
Beatriz Mariña, vecina del Porto de Bares (Mañón), con su marido Arturo y sus tres hijos

Cuando Mateo, de 11 años, el mayor de los tres vástagos de Beatriz Mariña y Arturo Blanco, vecinos del Porto de Bares (Mañón), se va de campamento, «al segundo o al tercer día ya siente la necesidad de hablar con sus hermanos [Ángel, de 8, y Marina, de 7]». Ni la madre, empresaria de hostelería, -«de cinco a diez no existo, me dedico solo a ellos»- ni los pequeños -compañeros de juegos y de actividades extraescolares- conocen el aburrimiento. Comparten alegrías y disgustos. ¿Y el gasto? «Con el primero es lo peor, porque no tienes nada; con el segundo ya aprovechas muchas cosas y cuando llega la tercera, ya lo tienes casi todo».

Beatriz y Arturo cuentan con apoyo familiar, «una ayuda grande», de la que carecen Ana Belén Casas (Ordes, 42 años) y Manuel Garrote, vecinos de Cedeira y padres de Iago, de 11 años, y las gemelas Andrea y Carla, de siete. «Lo más complicado es al principio, cuando son bebés, al llegar las dos hermanitas, para hacer cualquier recado tenía que meterlos a los tres en el coche y ya era una odisea. Ahora son más independientes y los problemas son otros», comenta. A falta de parientes directos, echan mano de vecinos y amistades. «Lo pasas muy bien con ellos, cuando se ríen y ves que crecen y se van haciendo autónomos, cómo cada día aprenden cosas y te las van enseñando. Son más las ventajas que los inconvenientes», sostiene. Eso sí, recalca, «por las ayudas, nadie tiene familia numerosa», algo en lo que coinciden todas las consultadas para este reportaje.

Los ferrolanos Marta y Francisco Javier, con sus tres niños
Los ferrolanos Marta y Francisco Javier, con sus tres niños

Cuando va aumentando la prole y alguien tiene que renunciar temporalmente al empleo, casi siempre lo hace la mujer. «Trabajábamos los dos en recursos humanos, mi marido tenía un puesto mejor, ganaba más dinero, y decidí apartarme unos años para el cuidado de los niños», explica Marta Fernández, de 39 años, ferrolana igual que su pareja, Francisco Javier Fraga, de 46. Javier, el primogénito, tiene ocho años; Álvaro, seis; y Eric, nueve meses. Los imprevistos son casi diarios, porque uno se pone enfermo o porque cambia alguna actividad. «En lo económico se nota muchísimo -admite Marta-, sobre todo cuando son bebés, tienen más necesidades; el coche no lo hemos tenido que cambiar, nos adaptamos con las tres sillas, pero nos estamos planteando mudarnos de casa porque vivimos en un piso antiguo reformado con un solo baño». Reconoce que entre los dos primeros sufrió un bajón: «La maternidad me sobrepasó hasta que asumí que esto es una fase, que los niños crecen y avanzan». Y si algo la reconforta es ver que sus hijos «nunca» la echan de menos. «Están felices. Si yo trabajase ganaríamos más dinero, pero prefiero tiempo con ellos, tranquilidad, y una vida más relajada».

Alimentos de marcas blancas, ropa reciclada y caprichos, «los justos» 

A.F.C.

Si en una familia formada por dos o tres personas, lo más habitual en los últimos años, la alimentación representa uno de los gastos principales, la factura se dispara cuando a la mesa se sientan cuatro, cinco, seis, siete o hasta catorce personas cada día, a la hora del desayuno, la comida y la cena. Los productos de marcas blancas, en general con mejor precio que las convencionales, llenan los carros de la compra, las neveras y las alacenas de las cocinas de las familias numerosas. Cada vez que visita el hipermercado, la ferrolana Mar Dorrio, con 12 vástagos, atesta dos carros, y a mayores recurre al comercio electrónico.

«El gasto en comida es muchísimo, sobre todo cuando se van haciendo mayores. Además, en casa no solo están nuestros hijos, sino que siempre hay alguien más. Los viernes hacemos cena bufé y pueden invitar a sus amigos, avisando antes, pero muchas veces los traen sin ni siquiera avisar», relata. En los armarios de las familias numerosas tampoco abunda la ropa de marca, prohibitiva en la mayoría de los casos. «Los pequeños aprovechan la ropa de los mayores e incluso de algún primo; no me gasto 50 euros en un chándal, prefiero dedicarlo a comida o a unas vacaciones todos juntos. Es mejor lo que vives que lo material», opina la mañonesa Beatriz Mariña. «Lo mejor es que tengan a alguien con quien jugar, no hay mayor regalo», apuntala la cariñesa Corina Luaces. Caprichos, coinciden, «los justos».

El título de familia numerosa, que otorga la Xunta a quienes cumplen los requisitos, se plasma en un carné que da derecho a una serie de ventajas fiscales, en la educación, el transporte, la vivienda o las actividades socioeducativas. En la página web de la Asociación Galega de Familias Numerosas se recoge una lista de tiendas de diversos sectores que ofrecen «descuentos exclusivos» para los socios. En Ferrol hay 38 establecimientos y en Narón, 15, pero en el resto de municipios apenas aparecen uno o dos locales adheridos a esta iniciativa.

Las dificultades económicas se agrandan cuando alguno de los hermanos padece una intolerancia alimentaria, como ocurre en la familia de Luaces: «El segundo es alérgico a la proteína de la leche y a la lactosa, y ahí sí que no se recibe ninguna ayuda, y los productos son mucho más caros».

José Manuel Trigo: «En la vivienda o el coche estamos discriminados»

A. F. C.

«El 53 % de las familias numerosas tendrían más hijos si contaran con más ingresos al mes y más medidas de conciliación»

En los últimos años, «el cien por cien» de las altas recibidas en la Asociación Galega de Familias Numerosas (Agafan) corresponden a casos de «múltiples nupcias», es decir, a parejas con tres o más hijos, en común o de sus anteriores relaciones, según explica José Manuel Trigo (Vigo, 1959), vicepresidente del colectivo y de la federación española.

-Las familias numerosas se quejan de la escasez de ayudas.

-En España, en el Gobierno central y en los autonómicos hay un concepto equivocado. Nos han colocado en las consejerías de asuntos sociales y lo que demandamos no es una cuestión social; en todos los países europeos existen pactos de Estado de apoyo a la familia, porque se entiende que es un bien para la sociedad.

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