El taxista que te acompaña al médico

Además de llevar a los pasajeros al destino solicitado, en el rural entran con ellos a la consulta o al supermercado, y les indican incluso cómo tomar los medicamentos


cedeira / la voz

Hay taxistas que te recogen a la puerta de casa y te conducen al lugar de destino, y durante la carrera te dan conversación o guardan silencio. Y hay taxistas que, además, acompañan a sus clientes a la consulta del médico, acuden a la farmacia con las recetas para retirar los medicamentos, les ayudan a hacer la compra y dan su número en el hospital para que les avisen de la fecha de la próxima revisión, por si ellos se despistan o no oyen el teléfono.

«Na maioría das veces é gratificante, dá gusto axudar; o custe é o mesmo, aínda que hai tarifa de espera estipulada, pero non se soe cobrar porque sería abusivo e porque, en moitos casos, ves as posibilidades económicas da xente, con pensións mínimas», indica Alberte Couto, profesional del sector en Cedeira, donde nació hace 42 años. «Non ten nada que ver coas cidades -recalca-, aquí o trato é moito máis persoal e créase amizade, a xente acostúmase ao taxista. Aquí facemos de todo, recados e ata mudanzas».

Su servicio resulta básico en las aldeas más apartadas e incluso en poblaciones como Cedeira, «sen apenas transporte público e con horarios malísimos». Sus viajes suelen ser a los hospitales, a Ferrol y a A Coruña; al centro de salud, «por analíticas, Sintrom...»; y en vacaciones, «tamén ao aeroporto». Su padre ejerció el oficio durante más de tres décadas. «Daquela había moito máis traballo», subraya Couto.

«A maioría é xente maior»

A José Vicente Breijo, cedeirés de 46 años y vecino de A Barqueira (Cerdido), lo empujó la crisis hacia el taxi: «Traballei nunha gasolineira, de camioneiro, na fábrica de eólicos das Somozas... De taxista levo catro anos». Está contento, aunque reconoce que «podería haber máis traballo». La clientela es fiel. «A maioría é xente maior, chámante para ir ao médico, ao hospital ou ao centro de saúde. Moitos viven solos, entro á consulta con case todos e xa me encargo de coller a vez. Dou o meu móbil para que non se molesten e non estean pendentes», relata. «A espera non se cobra, hai quen cho agradece... Axudas á xente, moitos con problemas de mobilidade, pola idade; sábesllela vida», añade. Pese a su aún corta trayectoria en el sector, Breijo ya ha percibido cambios en su actividad cotidiana, sobre todo el fin de semana: «Cando empecei tiña bastante xente nova de noite, pero agora non, van sacando o carné».

Tiempos de pesca y discoteca

María Jesús Soto (Espasante, 41 años) renunció hace tiempo al turno de noche, salvo para atender casos de emergencia. «El trabajo se concentra de lunes a viernes por las mañanas, por las tardes estoy operativa pero no vengo [a la parada de Ortigueira]», cuenta «a filla de Callobre», como la conocen en la zona. Su padre, Jesús Soto, dejó la mercante con poco más de 30 años para dedicarse al taxi, hasta los 60, cuando falleció. Años más tarde, hace nueve, su hija tomó el relevo: «Tenía la licencia, solo tuve que comprar el coche». Recuerda las guardias en casa de sus padres cuando recalaban los pesqueros en el puerto de Espasante tras la marea. «Como no había móviles, tenía que estar siempre alguien pendiente del teléfono fijo». Aquellas escenas ya son historia, igual que las horas de espera delante de la discoteca La Perla, los sábados por la noche. «Tiene ido incluso a Francia a llevar a una señora de Ortigueira de viaje», evoca María Jesús.

A ella le ocurre lo mismo que a sus compañeros: «Lo más común es ir al Marcide [Ferrol] con gente mayor y al centro de salud, si es gente de las aldeas sin línea de bus. Y cuando los dejas en casa de vuelta les pones en las cajas de medicinas ‘una cada ocho horas’. Muchos están solos o son matrimonios mayores sin familiares cerca y acabas sabiendo su vida, eres su mano derecha. ‘Si no estás tú no me acostumbro a ir a la compra’, te dicen».

«La mayoría te lo gratifican»

En el teléfono lleva fotos de la tarjeta sanitaria de algún cliente para poder recoger medicamentos en la farmacia. Comenta que a un compañero lo llama periódicamente una señora para darle la lista de la compra y así evita desplazarse al supermercado. «Cobras la carrera; los servicios a mayores, no; alguno cree que es tu obligación, pero la mayoría te lo gratifica bien». María Jesús trabaja con una aseguradora, en la asistencia en carretera, por toda España. Los maquinistas del viejo Feve y los pasajeros que se quedan en tierra por las frecuentes averías del tren también requieren los servicios de los taxistas.

«Non te minas, vas vivindo»

Pablo Couce (San Sadurniño, 52 años) se incorporó al colectivo en agosto: «Era comercial, pero coa crise botaron a moita xente. Xubilouse Carlos, de Lamas, e compreille a licenza». El trabajo le gusta: «Estou contento, é entretido; debería haber máis viaxes polas tardes e as fins de semana... As mañás son de máis actividade, aos médicos e ao banco a cobrar a pensión. Non é para minarse, pero vas vivindo». Operan sin taxímetro. «A maioría das carreiras son de dez ou quince euros», señala. Sin las propinas. «Prefiro isto á cidade -subraya desde Taxi Sansa-, aínda que alí teñan garantidos máis servizos».

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