Profesor, académico e investigador de la lengua

José Álvaro Porto Dapena (San Xiao, Narón 1940 - Cedeira, 2018)


Conocí a Álvaro Porto en 1997, cuando se incorporó a la UDC procedente de la Complutense, donde se había licenciado. Llevaba por entonces más de 25 años como profesor en la universidad madrileña y su obra científica era bien conocida; su El gallego hablado en la comarca ferrolana fue, en una fecha tan lejana como 1972, una de las primeras tesis sobre su lengua materna, en la que nunca dejó de trabajar con cariño y competencia.

 Con todo, su trayectoria profesional lo condujo por otros derroteros y se centró en su otra lengua, el español, con aportaciones significativas en el campo de la gramática (Los pronombres, 1986; Complementos argumentales del verbo, 1992,…). Tampoco puede olvidarse su colaboración en el Diccionario histórico de la Academia o su papel en la reactivación del Diccionario de construcción y régimen de Cuervo: redactó la mayor parte del tomo III y publicó su espléndido Elementos de lexicografía (1980).

Así, pues, cuando Álvaro llegó a nuestras aulas era ya un investigador consagrado que nada tenía que demostrar, y que, sin embargo, tras ganar la Cátedra de Lengua española de la UDC, mostró más empuje que quienes tenían 20 o 30 años menos. Excelente docente, no descuidó por ello su labor investigadora y prestó especial atención durante estas dos décadas a la lexicografía, con títulos de consulta inexcusable como Manual de técnica lexicográfica (2002) o La definición lexicográfica (2014). A su impulso se debe el proyecto de un diccionario de nueva planta, cuyo avance prueba su extraordinaria calidad: El Diccionario «Coruña» de la lengua española actual: planta y muestra (2007); confiemos en que sepan continuarlo sus discípulos más próximos, que hoy lo lloran en A Coruña, pero también en Madrid, Heidelberg o la lejana Kuala Lumpur.

Álvaro recogió hace años gran parte de su producción lexicográfica dispersa (Lexicografía y metalexicografía, 2009), pero continuó trabajando hasta el último momento; apenas hace un par de meses salía a la luz su última aportación en este campo, el artículo Sobre ambigüedad y vaguedad en los diccionarios, y en unas semanas se defenderá la última tesis que dirigió.

También dio forma definitiva a sus estudios sobre la toponimia de su último hogar -el más querido de cuantos conoció- con el Diccionario toponímico do concello e ría de Cedeira (2014); sus convecinos supieron reconocer sus méritos científicos y su enorme amor por la tierra que lo acogió: poco antes de morir conoció su designación como fillo predilecto de esa villa. Fue ese un reconocimiento que le satisfizo, al igual que su elección como académico correspondiente de la Real Academia Española, que distingue así a reconocidos investigadores sobre la lengua o la literatura españolas.

No hay espacio ahora para tratar de su trayectoria vital (vea quien lo desee su Anecdotario personal, aparecido este mismo año), ni de su labor periodística o de su talento como dibujante; tampoco puedo detenerme en sus firmes creencias y su espíritu tolerante. Mas no sería justo cerrar estas líneas sin mencionar a su alma gemela durante más de medio siglo, Mari, a quien quiso hasta el último instante y a quien, desde la otra orilla, esperará con esa sonrisa que sus amigos conocimos tan bien.

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