«Tenía 21 años, era percebeiro, y el accidente me truncó la vida»

«Cuando ocurre dices "¿y ahora qué hago?", porque no tienes nada planeado ante una situación como esta»


Cedeira

«A mí me atropelló el camión de la basura del Ayuntamiento, el 6 de octubre de 1997. Iba a cruzar en moto el puente viejo, el camión venía de la parte del puente nuevo, no se detuvo, siguió para la calle Ortigueira y me alcanzó», relata Antonio Rodríguez Rodríguez (Cedeira, 1976). «Tenía 21 años, ya trabajaba en el mar, era percebeiro, y ese fatídico accidente me truncó la vida». Pasó 33 días en coma en el Hospital Juan Canalejo (hoy, CHUAC). «Aún encima sin comer... Me tardaba mucho salir de allí, volver a casa, venir a mi vida, como fuera, en una silla de ruedas», recuerda.

El impacto le causó daños en el cerebelo, que limitaron su movilidad y le provocaron alteraciones del habla, además de la pérdida de audición de un oído. «También tengo parálisis facial del lado derecho, a consecuencia del golpe», explica. «Mi vida hubiera sido otra, se me cortó en lo mejor, cuando ya han pasado los años de las hormonas revueltas, estás trabajando... Cuando te encuentras con el problema dices ‘¿y ahora qué hago con los años que me quedan por vivir?’, porque no tienes nada planeado ante una situación como esta».

Pero Antonio, por su empuje y el apoyo de «familiares, amigos y conocidos», aprendió a vivir de nuevo, «aunque la verdadera enfermedad es la que no se ve, la que está dentro [...]. La sociedad se va concienciando, ya no nos ve como bichos raros». «No puedo jugar al fútbol, pero hay mucha gente que no juega; no puedo correr, pero hay mucha gente que no corre aunque pueda [practica spinning]». Descendiente de marineros, canaliza su pasión por el mar a través de la vela. «Hice un curso en la Fundación María José Jove, en A Coruña; siempre me había atraído, andar por el agua sin sentir ningún ruido es muy relajante», cuenta. Durante el curso aprovechó para realizar las prácticas en una autoescuela con vehículos adaptados (cuando ocurrió el accidente ya tenía carné de conducir, pero caducó y ni en Cedeira ni en Ferrol había centros con este tipo de coches). 

Cofundador de Sobre Rodas

Antonio fue uno de los fundadores del colectivo de discapacitados Sobre Rodas -«era necesario»- y ha colaborado con la Policía Local en sesiones de educación vial para escolares. No trabaja: «Tengo una pensión y si trabajo me la quitan, y tal y como están los empleos, hoy sí y mañana nada...». De su experiencia ha aprendido y ha sacado conclusiones: «El que conduce tiene que saber a lo que se expone, el accidente es malo para el que lo sufre y para el otro». «Y el Gobierno -pide-, que haga algo en las carreteras para que no haya casos como el mío, que se respeten las señales; nadie te prohíbe beber ni te prohíbe conducir, pero las dos cosas a la vez, no».

Educación vial desde el pupitre 

Agustín Gómez

Me gustaría llegar a la conclusión, después de tantos miles de kilómetros recorridos en bicicleta por carreteras españolas, de que los accidentes empiezan a ser algo anecdótico gracias a las medidas que se han tomado y la educación vial; desgraciadamente no puedo confirmar este extremo, ojalá me equivocase. Es cierto que en la década de los 90 se intentó llegar a un consenso político y buscar una solución de la mano y con la participación de grupos deportivos relacionados con este deporte, pero las medidas, o no fueron las adecuadas o insuficientes, porque el chorreo de accidentes continuó año tras año. Últimamente, y a raíz de un episodio luctuoso donde varios ciclistas perdieron la vida, un responsable político, que se manifestó como ciclista practicante, gestionó las medidas que han estado llegando a través de los medios al ciudadano, y sí se vienen observando ciertas actitudes respetuosas en los adelantamientos, en general positivas con el ciclista. Pero todavía queda mucho energúmeno suelto que campa a sus anchas, desconociendo la legislación vial y creyéndose dueño del asfalto. Sé que es difícil encontrar la solución acertada, pero hasta la fecha se ha hecho muy poco, y quizás con medidas coercitivas más contundentes hacia el infractor y una buena educación vial desde el pupitre lleguemos a mejorar la situación.

Hacen falta soluciones, ya 

Tomás Santa Cecilia

En los últimos tres años hemos pasado de reducciones del número de fallecidos a aumentos de más del 7 %, amparadas bajo mensajes equívocos que relacionan la siniestralidad con el aumento de los desplazamientos. En contra de conclusiones simplistas como la anterior, desde el RACE [Real Automóvil Club de España] pensamos que la prioridad debería ser elaborar una estrategia global, con todos los actores implicados en la seguridad vial, y abordar con la seriedad que merece este incremento, con tres parámetros básicos. Primero, la vía: claro que deben endurecerse algunas sanciones, como las relacionadas con el uso del teléfono móvil, con una incidencia en torno al 30 %, pero no se puede criminalizar al conductor. Hay muchos factores ajenos a quien se pone al volante, como el estado y mantenimiento de las infraestructuras. El 77 % de los accidentes con fallecidos se producen en vías convencionales, con un déficit de mantenimiento y conservación de unos 7.000 millones de euros. Tenemos la mejor red de carreteras a nivel europeo, pero como la sigamos descuidando se va a convertir en una de las peores. Segundo, el mantenimiento y conservación del parque. Los coches tienen de media más de 11 años, 13 en los casos de accidentes con fallecidos. La gente no cambia de coche, no por voluntad, sino porque no puede. Incentivos en este sentido ayudarían al sector sanitario, la administración, los conductores y toda la sociedad. Aquí tenemos un talón de Aquiles que debemos solucionar. Tercero, afrontar la falta de consenso. Es necesario llevar la seguridad vial al centro del debate político, algo que se ha descuidado. En ese foro, todos los actores relacionados con la siniestralidad deben poner en común estrategias y alcanzar acuerdos. El RACE lleva años reclamando un pacto de estado por la seguridad vial, y ahora es más necesario que nunca. Debería afrontarse un dato preocupante: más del 70 % de los siniestros, atropellos, salidas de vía y golpes por alcance, entre otros, se producen en desplazamientos por motivos laborales. Hasta 67.000 accidentes de tráfico al año, el 12 % del total, en horario laboral. Más de 200 personas pierden la vida por accidente de tráfico laboral cada año, por lo que valores como la prevención y la educación vial deberían ser estimulados también en el mundo empresarial.

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