El naufragio que dejó Cedeira huérfana

Más de 30 niños se quedaron sin padre hace 90 años tras el desastre del pesquero Goizeko Izarra, un desastre que fue el origen de la calle dedicada a Ferrol en el municipio


Cedeira

El vapor pesquero Goizeko Izarra, con quince tripulantes a bordo, abandonó el puerto de Cedeira rumbo a A Coruña en la mañana del viernes 13 de abril de 1928. Alcanzó el muelle herculino, recogió carbón y pasó la noche allí. A las seis y media de la mañana, a pesar de la niebla y los chubascos, se marchó con la intención de llegar a las islas Sisargas, lugar en el que había un gran banco de bocarte. Sin embargo, el temporal empeoró y el patrón, Germán Veiga de Ballina, decidió volver hacia Cedeira. Era la intención, pero el barco se quedó a mitad de trayecto: un golpe de mar lo echó al fondo al noroeste de las islas Gabeiras, en la costa de Ferrol.

Por lo tanto, el pesquero no apareció en la playa de Arealonga, en Cedeira, ni en el puerto ferrolano, donde se pensaba que podría haberse refugiado. Al pasar varios días, la gente del mar empezó a hacer comentarios por la tardanza, pero como Germán solía pasar mucho tiempo en el agua, al principio no hubo preocupación. Y el 18 de abril, la alegría inundó la villa, cuando una embarcación con el nombre Goizeko Izarra entró en el puerto de Santoña (Cantabria). Los vecinos se echaron a la calle e incluso tocaron las campanas. Sin embargo, un telegrama acabó el día 22 con todas las ilusiones, cuando se supo que era uno diferente.

Ahí, la ansiedad empezó a inundar la comarca. «Varias embarcaciones fueron al lugar donde se supone que haya ocurrido la catástrofe, sin encontrar rastro alguno», relataba el corresponsal de La Voz. Nueve tripulantes estaban casados y sumaban más de una treintena de hijos. Los otros seis, aunque solteros, tenían a sus padres esperándolos en tierra. Pronto llegó la peor noticia. El mismo 22, por la noche, la lancha Concha alcanzó A Coruña con un trozo de red, que se supo rápidamente que era del barco cedeirés. Lo habían encontrado en las Gabeiras y los marineros explicaron que era de un aparejo que solía estar enganchado al casco. En este caso, a 33 metros de profundidad. Unas horas después, los pescadores de Cedeira encontraron siete cadáveres que había arrojado el mar en la playa de Covas. Ahí se acabó de confirmar la considerada como la peor tragedia marítima de Cedeira, de la que ayer, un sábado como el 14 de abril de 1928, se cumplieron 90 años. Los quince fallecidos en el Goizeko Izarra -Estrella de la Mañana, la traducción- eran naturales de la zona, donde la tristeza fue profunda.

«Imos pregarlles un nosopai»

La historia del desastre la recogió hace tres décadas Francisco de Sotavento (Javier Rodríguez Vergara) en el número 9 de la revista Olláparo. Ahí sobresale la reacción al naufragio de Daniel de Peixes, vecino de la villa, que recorrió el lugar fatídico. «Non imos comportarnos igual que animais. Quitade as gorras e imos pregarlles un nosopai e un Ave María aos nosos amigos e compañeiros, que aquí mesmo os comeu o mar», dijo, mientras navegaba alrededor de las cortezas del pesquero con otros tripulantes. Asimismo, el cronista también señala que varios cuerpos fueron enterrados en la playa.

El disgusto fue tran grande que, por ejemplo, la mujer de Germán Veiga, Asunción Martínez, perdió al séptimo hijo que esperaba. «Mi madre tenía 3 años y todas las familias se quedaron en muy mala situación», expresa a La Voz Germán García Veiga (70 años), nieto del patrón, que vive en Cedeira. Nunca supo mucho del naufragio, pero sí de sus consecuencias. Uno de sus tíos, Manuel Veiga, emigró a Bilbao con solo 14 años para sostener a la familia. Encontró un hueco en la industria pesquera, en la que acabó sobresaliendo. Mientras, su tía Carmen Veiga dejó la escuela y se fue de sirvienta a la casa del médico de Cedeira. De esta forma, los dos hermanos mayores fueron el sostén de sus allegados.

No hubo supervivientes, aunque sí tres afortunados: Antonio Brocos, Adriano Quintana y Manuel Freire Cheda, O Mudo. Cuando llegaron al puerto, el barco ya había salido, así que se quedaron en tierra y, de paso, se libraron de morir ahogados. Un hijo de Antonio, Jesús Brocos, vive en Cedeira y no conocía la historia. Tampoco José Francisco Pérez Quintana (83 años), nieto de Adriano, que enseña a La Voz una foto de su abuelo. «Él murió joven y mi madre cuando yo tenía unos seis años y no me contaron mucho. Solo recuerdo estar componiendo el aparejo con él en el muelle». Al ser la mayoría nietos y bisnietos de los protagonistas, pocos saben del naufragio.

Colectas de la comarca

Desde Cedeira, en 1928, se envió «un grito de auxilio», recogió La Voz, para el amparo y protección de los familiares afectados, sobre todo de los más de treinta huérfanos. «Que la caridad pública acuda a remediar tanta desgracia y miseria». Así que, desde el primer momento, la respuesta fue enorme. Todos los concellos de la comarca, sobre todo Ferrol, realizaron colectas, así como los periódicos y las cofradías de pescadores, entre otras entidades.

Este mes, la efeméride fue recuperada por el ferrolano Fernando Ocampo, al que se la había contado su padre, Carlos. «Mi padre participó con la Tropa de Exploradores en una cabalgata cuestación que recorrió la ciudad con una barca sobre un camión, donde iban varios huérfanos y donde la gente depositaba sus donativos», cuenta. De esos días es el origen de la calle Ferrol, al lado del Ayuntamiento de Cedeira, que la villa le dedicó a la urbe naval. «Calle del Ferrol. Dio amor grande a las familias de nuestros náufragos», está inscrito. El funeral se celebró el 4 de mayo de 1928 y asistió, entre otros, el gobernador militar de Ferrol. Allí, en la despedida, estuvo el pueblo entero, con especial representación de la gente del mar. Tras el multitudinario adiós, no quedó más que la placa.

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